Reflexoterapia Podal para el Distrés

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El distrés es el estrés que nos enferma porque llega a desequilibrarnos de tal manera que, aun desapareciendo la causa que lo ha originado, el cerebro no lo reconoce y somos incapaces de recuperarnos.

El origen está en nosotros mismos: en nuestros pensamientos en nuestras emociones y en la manera que tenemos de afrontar la vida. Principalmente depende del patrón de aprendizaje heredado, del asimilado en los nueve meses de gestación y del que aprendimos en la primera infancia.

Desde hace varios años trato los casos de distrés de una forma especial. Ya en los años 90 comencé a darme cuenta de que en algunas personas el tratamiento de reflexoterapia podal las mejoraba un tiempo pero volvían de nuevo a desequilibrarse.

En 1998 me invitaron a colaborar en un congreso en Alicante y me pidieron que hiciera reflexoterapia a las personas que pasaran por el expositor donde yo estaba para que pudieran probar el masaje. Sólo contaba con diez minutos y les quería tratar el mayor número de zonas reflejas para que pudieran valorar como era la terapia, así que decidí trabajar en los dos pies al mismo tiempo.

La técnica les gustó mucho y, una señora que ya conocía la reflexoterapia podal me comentó que nunca la habían tratado así ni se había sentido tan relajada y tan bien como en esos diez minutos.

Aquello despertó mi curiosidad, si estaba introduciendo estímulos por ambos pies a la par, la médula espinal que se encarga de la respuesta refleja debía responder a los dos lados del cuerpo también a la par, lo que equilibraría mucho más.

Comencé a tratar a mis clientes utilizando esta técnica principalmente a los que tenían más problemas por el estrés. Para mi sorpresa comenzaron a mejorar y ya no volvían hacia atrás.

A partir de ese momento decidí investigar con más profundidad y en dos años creé la base del que hoy llamo “Masaje Antiestrés de Reflexoterapia Podal”.

Es curioso cómo de aquel momento en el que tenía poco tiempo y quería dar lo mejor de mí saqué y desarrollé una técnica novedosa y sobre todo efectiva.

¿Pero cómo pasamos de lo que se denomina estrés, algo que todos tenemos desde el momento que ponemos el pie en el suelo al levantarnos de la cama, al distrés que nos enferma?

Hay un libro cuyo título llamó mi atención hace tiempo: “Porqué Las Cebras No Tienen Úlcera de Estómago”. En él encontramos la clave del estrés distrés que nos enferma:

Cuando la cebra está en la sabana alimentándose y presiente la presencia del león, y sólo en ese momento, sus mecanismos de huida se activan como por un resorte preparándola para salir corriendo: Le sube el cortisol, aumenta la cantidad de adrenalina en sangre, su corazón empieza a latir rápidamente, llega más sangre a sus pulmones para que se capte más oxígeno, el páncreas libera glucagón para que el hígado transforme el glucógeno en glucosa y los músculos obtengan la energía necesaria para correr lo más rápido posible, ya que de ello dependerá su vida. Y todo esto sucede en cuestión de segundos.

Cuando ha pasado el peligro y la cebra ya no tiene que huir (siempre que haya esquivado al león claro), vuelve poco a poco al punto original y a retozar de nuevo en la sabana comiendo hasta que el león decida atacar de nuevo.

Pero, ¿qué pasa con nosotros cada día? Nos levantamos y lo primero que hacemos es empezar a pensar en todo lo que tenemos que hacer. Aún no hemos olido al león y nuestro cerebro ya está estimulando las suprarrenales.

A medida que pasa el día no paramos de dar vueltas a las cosas, incluso cuando llegamos a casa después del trabajo seguimos dando vueltas a la cabeza. El cerebro es tan crédulo que revive una y otra vez el ataque del león aunque ni siquiera le hayamos visto, basta con que pensemos en ello. Así que al final acabamos con úlcera de estómago.

Nuestro cerebro vive aquello que estamos pensando intensamente y que nos preocupa poniendo en marcha todos los mecanismos de supervivencia, esto crea a la larga un desgaste total de las cápsulas suprarrenales desequilibrando los sistemas endocrino, nervioso e inmunológico.

El masaje antiestrés de reflexoterapia no va encaminado a localizar puntos de dolor que me indiquen lo que está mal y trabajarlos sino a tratar de equilibrar todos los sistemas con un masaje lento, con mecimientos de los pies, empujando suavemente con las palmas de las manos, transmitiéndole a la persona un estado de sosiego y relajación que le ayude a romper los mecanismos que utiliza el cuerpo para huir, introduciéndola poco a poco en un estado de meditación.

Si se acompaña de música de relajación mejor. La música es una gran aliada en los tratamientos, siempre respetando los gustos de cada uno.

En la última parte del trabajose van colocando las manos en las diferentes zonas del pie que tratamos en el masaje metamórfico: preconcepción, concepción, postconcepción, animación, prenacimiento y nacimiento; para ayudarla a transformar los patrones de aprendizaje que adquirimos en los nueve meses de gestación y que han puesto en marcha esa respuesta ante el estrés.

Al terminar la sesión las personas comentan que han entrado totalmente en un estado de duerme vela y que se sienten muy relajadas.

Ya hace unos años tuve un caso de narcolepsia por estrés emocional, el cliente no dormía correctamente por no entrar en una de las fases del sueño la REM, y se quedaba dormido en cualquier parte durante el día. Tenía veintidós años y no estaba dispuesto a tomar medicación para resolver el problema. A la cuarta sesión con esta técnica me dijo que había dejado las pastillas porque notaba que cuando se despertaba estaba descansado, algo que no le ocurría desde hacía meses. Le traté durante ocho sesiones tras las que le repitieron las pruebas del sueño; su narcolepsia había desaparecido y su cerebro entraba en todas las fases del sueño. De hecho el especialista le dijo como comentario que tenía mejor sueño que él.

En todos los casos de narcolepsia no se van a conseguir los mismos resultados, ya que cada persona es un mundo y muchas veces el origen del problema no está en el estrés sino que viene desde la infancia.

Lo más importante es que esta forma de trabajo nos ayuda a recuperar equilibrio, armonía y serenidad, fundamentales a la hora de saber cómo manejar los conflictos que nos presente la vida.

Carmen Benito
Licenciada en Biología
Directora del Centro de Bioestética Carmen Benito