La Reflexoterapia Podal en personas hospitalizadas

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Cuando hice la formación de Reflexoterapia Podal en Barcelona, tuve la oportunidad de coincidir con varias enfermeras que trabajaban en el ámbito hospitalario. Querían aprender para ayudar aún más a las personas que ingresaban en sus respectivas plantas. Una de ellas me dijo que en pacientes operados de corazón conseguían evitarles la sonda después de la cirugía estimulando la zona refleja del riñón.

            Otro compañero me contó cómo había ayudado a su mujer en el parto de su tercer hijo gracias a estimular las zonas reflejas de matriz durante las contracciones.

            La profesora nos hablaba también del trabajo que se estaba realizando de investigación en quemados, habían visto que cicatrizaban más deprisa al tratarles con reflexoterapia.

            Hoy en día introducir en un hospital técnicas de tratamiento alternativas a la medicina oficial se está convirtiendo en algo muy complicado, pero a lo largo de estos años y siempre con miembros de mi familia, he tenido la oportunidad de ver los beneficios que puede tener trabajar las zonas reflejas del pie en personas hospitalizadas para estimular los mecanismos de regulación del cuerpo.

            Uno de los tratamientos más espectaculares que realicé hace varios años, me llevó incluso a diseñar una manera nueva de abordar el tratamiento de la neumonía. Entre las contraindicaciones que había estudiado en su momento, estaba la de no trabajar con reflexoterapia podal cuando había una infección grave para no extenderla más.

            El 1 de octubre de 1996, operaron a la madre de una de mis cuñadas de corazón, en concreto de la válvula mitral. La cirugía fue muy bien y a los ocho días cuando ya iban a darle el alta, comenzó a tener fiebre. Al principio la dejaron en observación, pero siguió subiéndole más. Le hicieron un cultivo y vieron que la infección era debida al hongo Aspergillus, que le había provocado una de las neumonías más difíciles de tratar.

            Una vez que este hongo invade el tejido pulmonar, actúa rápidamente y es muy complicado erradicarlo. En muchos casos puede llevar a la muerte.

            La tuvieron en la U.C.I. un tiempo, cuando mejoraba la pasaban a planta, pero empeoraba y volvía a la U.C.I. Así se tiró casi dos meses.

            En este punto, los médicos le dijeron a mi cuñada que si su madre no aceptaba líquidos y alimento poco a poco por vía oral, las posibilidades de que saliera adelante eran mínimas, ya que sus pulmones se estaban deteriorando mucho.

            Desesperada me comentó que le habían hablado de una curandera que trataba por los pies y que iba a llamarla y a pedir permiso a los médicos para que tratara a su madre, era su último recurso.

            Le dije que no llamara a nadie ni pidiera permiso, que yo iría al hospital y la trataría con reflexoterapia para ver si conseguía mejorarla.

            Esa misma tarde estaba allí. Cuando la vi con la vía puesta con suero y antibiótico, y un vaso de té en la mesa, que no había podido tomar, pensé que peor no la iba a poner, y si algo pasaba, ya estábamos en el hospital y la tenían muy controlada.

            Decidí que la mejor forma de abordar la terapia sería trabajando muy suavemente las zonas reflejas de pulmón y bronquios, de esa manera no tendría reacciones fuertes. Lo mismo hice con todos los demás sistemas, digestivo para que asimilara los alimentos y renal para que eliminara las toxinas.

            Para drenar el pulmón de la infección tenía un drenaje en el costado conectado a un aparato que le iba aspirando el líquido que se formaba. Decidí que a nivel reflejo trabajaría en la dirección del tubo de drenaje para tratar de facilitarlo.

            Cuando terminé el tratamiento pasé al servicio a lavarme las manos, allí había una botella donde habían recogido la orina del día, me llamó la atención el color tan oscuro que tenía, parecía   coñac.

            Al día siguiente regresé y me dio la grata noticia de que se encontraba algo mejor. Había podido tomar el té sin que le sentara mal, y ya le empezaban a dar algún alimento sólido para ver cómo reaccionaba.

            Volví a hacerle el mismo tratamiento del día anterior y al lavarme las manos, vi que la orina de ese día tenía un color mucho más claro. El tratamiento había empezado a funcionar.

            Estuve yendo diez días seguidos. En el octavo, cuando me acercaba a la habitación una enfermera salía con el compresor de drenaje en la mano, ya no necesitaba el aparato. Le dejaron solamente un pequeño tubito y una gasa por si aún salía algo de líquido.

            A la semana siguiente ya sólo fui tres días y, a la siguiente dos. El 23 de diciembre le daban el alta.

            Qué fue lo que la ayudó a recuperarse, no lo sé, yo creo que un poco de todo: el tratamiento médico que llevaba desde hacía dos meses, la reflexoterapia podal que le hice y el amor e intención que puse en ello, su propia fuerza y sentir que la estaba ayudando. En definitiva el conjunto de todo.

            Cuando una persona lleva mucho tiempo hospitalizada, que la toquen, que la den masajes, que la mimen un poco será siempre el mejor bálsamo para su recuperación.

 

Firmado:

Carmen Benito.