HABLANDO CON LAS CÉLULAS

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        Al igual que nos comunicamos con los demás a través de nuestros sentidos y recibimos información del exterior, también nuestras células perciben todo lo que sucede dentro y fuera del cuerpo.

        Todos los sucesos de la vida cotidiana producen en nosotros emociones, éstas, dan lugar a la formación de distintos neurotransmisores anímicos, que transmiten la información a las células.

        El cerebro es el encargado de producir esos neurotransmisores, y, los pone en circulación por todo el organismo. En este proceso, puede suceder, que el cuerpo se haga adicto a estas sensaciones, y que reproduzca, incluso mentalmente, las circunstancias en las que se produjeron, para volver a experimentarlo. En ese momento es cuando las células comienzan a desarrollar adicción a un neurotransmisor específico.

        Todo este lenguaje bioquímico puede ser estimulado o interrumpido desde el exterior, pero cómo hacerlo:

        Cuando nos relajamos, reducimos nuestros niveles de neurotransmisores del sistema nervioso autónomo simpático (como la adrenalina), permitiendo al cuerpo entrar en un estado de reposo que le ayuda a regenerarse. A su vez se produce otro neurotransmisor: las endorfinas, capaces de devolvernos el equilibrio y la salud.

        Para conectar con las células del cuerpo desarrollamos “El Masaje Celular”, capaz de llegar a Transmitir a través de las manos del terapeuta la fuerza necesaria para reconectar con su propia conciencia (la conciencia celular), entendiendo por conciencia, el conocimiento de su función específica en el organismo.

        Pero saber qué es lo que en un momento determinado hace que lo pierdan es importante.

        Desde finales del siglo XIX se comienza a vislumbrar por los científicos de la época, la pequeña distancia que existe entre el denominado reino animal, vegetal y mineral, donde se descubren comportamientos en los átomos muy semejantes a los de los seres vivos sobre todo en su capacidad de recuperación en situaciones de fatiga:  cuando se intentaba fragmentar una barra de acero calibrada, sometiéndola a una tracción continua, aparecía un estrangulamiento en un punto de la barra, cuando se dejaba de someter al experimento, la barra se recuperaba; si volvían a someterla a tracción el estrangulamiento aparecía en otro lugar diferente. Al continuar con el experimento repetidas veces observaron que de pronto la barra empezaba a ceder por todos los puntos, empezando por el primero donde sufrió el estrangulamiento. Si la dejaban descansar  volviendo al estado inicial , observaron al empezar de nuevo el experimento, que para que la barra cediese a la tracción tenían que aplicar una fuerza muy superior a la de la primera vez, el metal se comportó como un elemento orgánico, reforzando sus partes más débiles, para defender mejor su integridad.

        La capacidad de respuesta y de sentir, no parece acabar en el nivel de la célula, sino que llega más allá, a las moléculas a los átomos e incluso a las partículas subatómicas.

        Por tanto la conciencia no se queda sólo a nivel celular, sino que podemos hablar de ella también como parte de la materia no orgánica.

        Partiendo de esta base lanzo la pregunta crucial: si cada partícula subatómica, atómica, molecular, celular, tisular, orgánica, tienen una conciencia propia ¿qué es lo que hace que se mantengan unidas conformando un ser vivo o una persona?: Es la unión del cuerpo, todas las partes son cada parte pero a su vez conforman un todo que no funciona correctamente si falta cualquiera de ellas o si alguna de ellas pierde el conocimiento de su identidad.

        Cada uno de nuestros átomos vibra a una frecuencia determinada, pero muchos son los factores externos que pueden hacer que esas frecuencias cambien, desde campos electromagnéticos, situaciones de estrés mantenido que alteran toda nuestra bioquímica debido a emociones mal canalizadas. Se necesita ser una persona muy equilibrada hoy en día para poder eludir los efectos de todos los agentes patógenos que nos rodean, y aunque no siempre lo conseguimos desde nuestra capacidad de relajación, de relación con el medio y de transmutación, podemos acercarnos.

        Baste observar un factor que todavía no se ha conseguido dominar en los experimentos con células madre: el crecimiento de éstas en los tejidos de forma indiscriminada llegando en algunos casos a producir tumoraciones, ¿qué es lo que falla?:

        A mi entender lo que no consigue el cuerpo es transmitir esa frecuencia personal de conciencia del “Yo” para ser capaz de integrar como algo suyo esas células insertadas de forma artificial. Aún no se ha dado con la llave capaz de unirlas a la zona específica del cuerpo donde desarrollar su función, quizás porque al ser células madre su conciencia de creatividad es enorme.

        Si lanzamos la hipótesis de que todo es una cuestión de frecuencias (movimiento) y teniendo en cuenta que nuestro cuerpo es un sistema dinámico, podríamos pensar basándonos en lo que en matemáticas y física se denomina “Teoría del caos” (un gran campo de investigación abierto, que abarca diferentes líneas de pensamiento), que pequeños cambios que introdujéramos en las condiciones iniciales de ese sistema podrían conducir a variaciones muy grandes. Traduciéndolo como que las circunstancias a las que nos vemos sometidos cada día pueden, y de hecho lo hacen, alterar todo nuestro organismo.

        Ese ciclo destructivo se puede romper introduciendo a través de las manos del terapeuta una vibración externa que ayude a la persona a entrar en un estado de relajación profunda y, escuchando al cuerpo, transmitir una frecuencia diferente, una vibración capaz de llegar a sus células que pare la alteración y le ayude a encontrar el camino de vuelta al equilibrio.

        Ese equilibrio el cuerpo lo conoce porque lo guarda en su memoria, tanto atómica como celular. Lo que hacemos a través de nuestro estado de escucha es enseñarle a escucharse a él mismo para localizar el problema y solucionarlo.

        El masaje celular lo desarrollamos para conectar a la persona incluso con su etapa prenatal, pues de ella parte todo: antes de ser concebidos, el óvulo y el espermatozoide traen ya consigo una información de cómo podemos llegar a ser, después al recombinarse las cadenas de ADN en la primera fase de la división celular una vez fecundado el óvulo, se mezclará el material genético para configurarnos tal y como seremos. Pero las influencias externas, ya sean las condiciones y vivencias dentro de la madre, o lo que suceda en el parto, infancia, adolescencia, etc., serán las que verdaderamente decidan el resultado final.   

        Lo realizamos en columna vertebral y cabeza porque es donde se localizan los principales centros de energía de nuestro cuerpo que a su vez tienen su propia vibración, lo que nos permite llegar de una forma más directa a conectar con todas las células. En ese momento es muy importante que el terapeuta se relaje, que no intente dirigir el trabajo, debe estar ahí escuchando al cuerpo, permitiéndole que sea él mismo quien encuentre el camino de retorno a su equilibrio.