REACCIONES MÁS COMUNES EN EL TRATAMIENTO REFLEJO DE LOS PIES.

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Como toda terapia, la Reflexoterapia Podal provoca una serie de reacciones tanto durante el tratamiento como posteriormente. Es bueno que se comente con la persona que viene a consulta, aunque siempre hay quien después va a sufrir todas las reacciones conocidas y desconocidas. Bromas a parte, suelo advertir de lo que puede suceder, sobre todo a los alumnos durante el curso, pues algunos de ellos según van aprendiendo ya comienzan a practicar con la familia, amigos o pacientes en su consulta.

Lo más habitual durante el tratamiento y, dependiendo de cómo se realice la terapia (más suave o más fuerte), es que la persona se relaje. Excepto cuando el trabajo va encaminado a problemas del sistema nervioso central, principalmente el somático (se encarga del movimiento del cuerpo), en este caso la presión que se ejerce sobre los puntos reflejos va a ser fuerte para entrar en profundidad en el nervio y poder sedar; esto conlleva que las reacciones también se perciban más.

Cuando entramos en una zona refleja que está muy desequilibrada, lo primero que se siente aun a pesar del dolor, es liberación; muchas clientas me comentan que a pesar de que la sensación es molesta al principio, poco a poco se va reduciendo y si estoy trabajando en cervicales, lumbares, cadera, o nervios como plexo braquial (brazo) o ciático, notan como se van desbloqueando en el cuerpo.

Tenemos que considerar siempre el tipo de persona que viene a tratamiento: el carácter (puede ser más o menos nerviosa), el problema que quiere tratar, y los antecedentes que tiene. Por ejemplo: puede venir porque tiene un dolor de cuello muy intenso, con mucha tensión que le bloquea; en ese caso podemos pensar que el tipo de tratamiento más apropiado es el del sistema nervioso y comenzar con él. Pero si vemos que no soporta bien el dolor, que se tensa más, que incluso al tratar la zona releja nos quita el pie o se pone en guardia, debemos cambiar la forma de entrar en los puntos, porque esa persona va a responder mejor a una reflexoterapia más suave o incluso al tratamiento antiestrés que diseñé hace varios años para casos especiales.

Con esta última técnica trabajamos los dos pies al mismo tiempo, junto a una respiración profunda y el empuje con nuestras manos (plexo solar de la misma contra plexo solar del pie). Así conseguimos que la persona entre en un estado especial de relajación en el que incluso parece que se queda dormida: un estar sin estar, liberando mucho más el dolor y el bloqueo.

En los años que tengo de experiencia con esta técnica he aprendido que lo más útil es observar al paciente según llega, y diseñar un tratamiento específico para él.

Durante la consulta ya comienzan a aparecer las primeras reacciones. Hay personas muy sensibles que son capaces de percibir por donde viaja el impulso nervioso, como en acupuntura, que al introducir la aguja en un punto del meridiano se puede llegar a percibir el estímulo en gran parte de su recorrido.

Una vez que la persona termina su tratamiento también puede observar distintas reacciones que pueden aparecer a lo largo del mismo día en que se ha hecho la sesión o en los dos días siguientes a la misma.

Son mecanismos que tiene el cuerpo para poder identificar mejor lo que le sucede y corregirlo, por tanto, que nadie se sorprenda si incluso llega a encontrarse durante un par de días peor, porque habrá entrado en lo que se denomina una crisis curativa, y eso no es malo, el cuerpo necesita saber lo que le desequilibra.

Es muy normal que aparezcan dolores viejos, que creíamos más que olvidados, pero que no llegaron a recuperarse totalmente, en estos casos el cuerpo cambia el síntoma para ver si así la persona le hace caso y se cuida. Si esto no sucede empiezan a aparecer nuevos síntomas, cada uno peor que el anterior, hasta que tenemos una capa encima de otra, como una cebolla. Para poder recuperarse, el cuerpo tiene que volver a pasar por muchos de los desequilibrios que le condujeron a ese estadio.

Tuve una clienta de setenta años que vino a que le tratara una ciática, se encontraba bastante mal, con muchos dolores, y a penas podía vestirse sola. Cuando comencé a trabajarle las zonas reflejas del pie, lo que más le dolía no eran ni las lumbares, ni el sacro, ni el nervio ciático; lo que estaba más desequilibrado eran sus cervicales. Le traté todo, y cuando vino a la siguiente sesión la ciática había desaparecido, pero el cuello le dolía como hacía mucho tiempo. Eso le había sorprendido mucho. Vino a varias sesiones (ocho) hasta conseguir que todo se reequilibrara, y cuando terminamos el tratamiento se encontraba muy bien.

Este año durante el curso que he impartido de Reflexoterapia Podal, una de mis alumnas que es fisioterapeuta empezó a tratar a una de sus clientas que tenía varias hernias discales aplicándole la técnica de sistema nervioso. La paciente sufría desde hacía varios años de muchos dolores de la espalda. Después de la primera sesión la alumna me comentó que la señora se sentía peor, pero que la había vuelto a citar. Cuando la trató por segunda vez, fue todavía peor que la primera, tanto, que la clienta se enfadó y no volvió. Le dije que eso puede ocurrir en casos muy desequilibrados y, que era una pena que no hubiera seguido adelante, ya que el cuerpo estaba reaccionando, aunque las crisis curativas estaban siendo muy agresivas. En la siguiente clase me comentó que se la había encontrado por la calle unos días después y ni siquiera la había saludado. Pero pasado un tiempo, la alumna vino muy contenta a clase, había vuelto a encontrarse a la señora, y esta vez no sólo la había saludado, sino que le dijo que justo a los nueve días de haberla tratado, los dolores habían desaparecido totalmente, y que ahora se encontraba muy bien y quería que tratara a su hija. La crisis curativa había finalizado y el cuerpo había encontrado la vuelta al equilibrio. En estos casos aconsejaría incluso que la persona siguiera tratamiento, para que la situación no volviera a repetirse.

Los tratamientos cuando son fuertes, con presiones intensas, pueden despertar reacciones más agresivas que pueden asustar, pero si se tiene un poco de paciencia los resultados se ven a la larga.

Cuando el problema que se trata es de otra índole, y los conflictos emocionales pueden estar detrás de los síntomas, es más efectiva una terapia relajante, sobre todo si la persona está sometida a mucho estrés. Durante la sesión logramos relajarla, entrando en otro nivel de conciencia; eso ayuda a superar los problemas con una actitud más positiva. De ahí que el masaje antiestrés que enseño utilice puntos de la Técnica Metamórfica junto con la Reflexoterapia Podal.

Hace unos años me estuve tratando con acupuntura con un gran maestro de Medicina Tradicional China. Durante las primeras ocho sesiones me puse peor, pero como soy muy cabezota y no quería llegar al quirófano (única opción ya para la medicina convencional), seguí insistiendo. El médico siempre me decía cuando le comentaba que estaba peor: “Para sanar hay que sufrir”. El caso es que sufrí, pero a partir de la octava sesión empecé a sentirme mejor, y terminé mi tratamiento. No me he vuelto a resentir, aunque se que el problema sigue ahí y tengo que cuidarme.

No debemos temer a las reacciones, ya que nos indican que el cuerpo busca su camino de vuelta al equilibrio. Se que lo ideal sería que nos tratásemos y todo fuera estupendo, pero tenemos que aprender que “nuestra salud es un camino en el que debemos implicarnos”.