EL QUIROMASAJE Y LA REFLEXOTERAPIA PODAL UNIDOS FRENTE AL DOLOR DE ESPALDA

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Uno de los problemas más común hoy en día es el dolor de espalda, indicándonos que algo no va bien. Las tensiones posturales y emocionales que soportamos hacen que la musculatura de la espalda se contraiga y ya no sea capaz de relajarse.

El Dr. Drama  Singh Khalsa y Cameron Statu comentan en su libro “Curar el dolor” que normalmente las soluciones rápidas no dan resultados y el dolor empeora muchas veces. Según el departamento de Salud de Estados Unidos, la cirugía sólo es útil en el 1% de los casos de dolor de espalda, y que el tratamiento con analgésicos suele prolongar la duración de los síntomas  debilitando más al paciente. Todo esto se agrava cuando el dolor se hace crónico,

A lo largo de estos años trabajando como quiromasajista y reflexoterapeuta, he tratado muchos problemas de espalda y he comprobado que, para obtener mejores resultados, al dolor no podemos tratarlo sólo como a un síntoma, sino que debemos buscar su origen.

Uniendo el  quiromasaje de espalda y la reflexoterapia podal  en la misma sesión, conseguimos descontracturar la musculatura y al tiempo buscar la causa que lo desencadenó.

         Teniendo en cuenta que todas las raíces nerviosas que inervan los órganos salen de la columna vertebral, según donde localicemos el dolor, sabremos lo que está desequilibrado. Al ayudar a la espalda a relajarse estamos reequilibrando las zonas del  cuerpo directamente relacionadas.

         Las zonas reflejas de columna vertebral se localizan en la cara interna del pie, principalmente en el arco. Es curioso observar que dependiendo de la forma del arco así es la forma de nuestra espalda.

Cuando el arco es muy alzado (pie cabo), como el de una bailarina, la zona lumbar tendrá su curvatura natural muy marcada  (hiperlordosis lumbar). Si el arco está muy caído como, en el pie plano, las curvaturas naturales de la espalda no se aprecian demasiado, dando lugar a una espalda excesivamente recta, lo que provocará mucha tensión.

         La escoliosis (desviación de la columna hacia la derecha o izquierda) también se detecta en el arco del pie, si comparamos ambos arcos juntando los pies por los laterales internos, a la altura del talón y por los dedos pulgares, veremos que las formas de los arcos son distintas.

         Otros indicadores de la tensión de la espalda son las durezas en los puntos de apoyo. Las de la almohadilla indican mucha tensión en los hombros, cintura escapular y cuello. Si al presionar la base de los dedos 2º y 3º se produce dolor sabremos que la base del cuello y el hombro están contracturados. Al masajear la almohadilla por debajo de los dedos 4º y 5º podemos notar cómo se mueven los tendones y “crujen” como lo hacen los de la zona escapular al masajearla.

         Sentir las tensiones del pie nos ayuda a comprender lo que sucede en la espalda.

         Cuando el dolor se localiza en las vértebras lumbares o en el sacro provocando lumbago o ciática, la zona del pie donde se verá reflejado será la del metatarsiano del dedo primero con la primera cuña y la de ésta con el escafoides.

         Muchas veces acudimos al médico buscando una solución rápida al dolor de espalda, con medicamentos que nos lo quiten y en casos extremos como en las hernias discales con una intervención quirúrgica. Las soluciones rápidas muchas veces hacen que a largo plazo la situación empeore, pues sólo hemos tapado el síntoma sin corregir la causa que lo desencadenó.

          Tanto con el masaje como con la reflexoterapia intento dar una solución más duradera, con el masaje mejoramos la situación de músculos, vasos sanguíneos y linfáticos, ayudándoles en su regeneración. Con la reflexoterapia podal desde el sistema nervioso trato de aliviar el dolor y ayudar al médico interno a reequilibrar al organismo.

         Entre los tratamientos de espalda que he hecho por este sistema, hay dos de los que guardo un especial recuerdo, ya que trabaje con dos personas que llevaban prótesis, cuando normalmente no se aconseja tratar en estos casos.

         La primera fue una mujer de treinta años operada de una hernia discal cervical entre C 5 y C 6, a la que colocaron un disco intervertebral de titanio. Después de la intervención se quejaba de mucho dolor en el cuello y en los hombros, y de que cuando tragaba le molestaba mucho el tornillo que sujetaba el disco a la vértebra. Después de diez sesiones de masaje y reflexoterapia trabajando con mucho cuidado las zonas reflejas donde se localizaba la intervención, conseguimos que cediera el dolor y también la sensación de ahogo al tragar, aceptando psicológicamente mucho mejor la prótesis.    

         La segunda fue una mujer de 45 años, operada de escoliosis que llevaba una placa de titanio sujetándole toda la columna desde la última vértebra cervical hasta las lumbares, y que se quejaba de un dolor del nervio ciático que no cedía con nada. Después de doce sesiones de masaje muy suave de espalda y reflexoterapia consiguió que le desapareciera el dolor. Dos meses después de terminar el tratamiento me contó que se encontraba muy bien que por fin había realizado su sueño de poder esquiar y que se había apuntado a un gimnasio.

           Cuando tratamos casos como estos siempre hay que ser muy cuidadoso, tanto con el masaje como con la terapia refleja. También debemos ser conscientes de que todos los tratamientos no van a dar el mismo resultado, pues hay casos en que los mecanismos de regulación del cuerpo se han visto muy alterados, debiendo recurrir a otras terapias, a técnicas de relajación, a dietas más equilibradas, a la potenciación muscular con el ejercicio, incluso a la psicoterapia, ya que el dolor no sólo nos bloquea físicamente, también emocionalmente. Pero ante todo somos nosotros mismos los que hemos de intervenir activamente a la hora de superar al dolor, y cuando es la espalda la que nos está avisando aprender a escucharla.