EL ESTRÉS TRATADO CON REFLEXOTERAPIA PODAL Y MASAJE METAMÓRFICO

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            El estrés es la respuesta del individuo ante un estímulo asociado a amenazas respecto a su integridad. Éstas pueden ser reales o imaginarias, dando lugar a respuestas  fisiológicas o psicológicas. Puede ser producido por causas físicas: un traumatismo, el ruido, el nacimiento, el aislamiento, el ayuno, el frío, el calor, etc. o  psicosociales: disputas, sucesos vitales, contrariedades, conflictos laborales, etc.

            Independientemente de la causa que produzca el estrés hay un conjunto de respuestas que suele ser común: incremento del metabolismo, cambios en la frecuencia cardiaca, presión sanguínea, tasa respiratoria y tensión muscular. Se reducen algunas funciones como la digestiva y la sexual. Todos estos cambios tienen en principio una función adaptativa para proteger al individuo de un agente agresor. Pero si la situación se prolonga, puede conducir a un proceso patológico.

            Estos cambios están controlados conjuntamente por el sistema nervioso autónomo y por el neuroendocrino. Estos a su vez van a influir sobre el inmunológico, reduciendo la capacidad de respuesta frente a los agentes patógenos externos.

             Podemos afrontar el estrés implicándonos personalmente, buscando el control; o puede aparecer el factor distrés que conlleva malestar, incertidumbre, aburrimiento, ansiedad, etc.

            Si la respuesta que damos no es eficaz y no llegamos a procesarla correctamente, puede suceder que aunque la situación que la provocó haya desaparecido, nuestro organismo siga interpretando que permanece, lo que genera un estrés continuo y crónico, del que no se puede salir a menos que se rompa el círculo.

            El tratamiento de las zonas reflejas de los pies y el masaje metamórfico, nos ayudan a regular muchas de las reacciones adversas que producen las situaciones de estrés mantenido. Llevo varios años trabajando e investigando de una forma más personalizada los casos en que el estrés está detrás de la enfermedad, aplicando un masaje reflejo regulador que libera esa situación, permitiendo al cuerpo recuperar sus mecanismos homeostáticos de equilibrio.

             Hace unos seis años me llegó a tratamiento una mujer de treinta y dos años, con problemas de sofocos, exceso de sudoración y alteraciones del sueño; presentaba síntomas claros de desequilibrio en el sistema nervioso autónomo. Comencé a trabajarle con reflexoterapia podal como lo hacía habitualmente, buscando los puntos de dolor y presionándolos, pero no conseguía los resultados esperados. A partir de la cuarta sesión empecé a tratar los dos pies al mismo tiempo, masajeando los puntos suave y rítmicamente, relajándola.

            Al volver a la siguiente sesión me contó que había experimentado un cambio muy importante, los sofocos y la sudoración excesiva habían desaparecido y había mejorado el sueño.  

De esta manera surgió el masaje reflejo podal de relajación o antiestrés, al que defino como la técnica equilibrante del organismo que en lugar de estimular con presión las zonas reflejas, lo hace a través de bombeos suaves y caricias.

            En esta técnica se trabajan todos los sistemas, y además, se introducen puntos de la técnica metamórfica, así como ejercicios de desbloqueo. Todo el masaje se desarrolla en armonía, suavemente y sin prisa. El ritmo lo va marcando principalmente la respiración del terapeuta, por lo que éste también debe estar relajado para ser capaz de transmitirlo.

            Durante la sesión, la persona permanece en silencio, sintiendo, dejándose llevar a través de los mecimientos, música suave, aceites esenciales relajantes y un ambiente agradable.

             El masaje se realiza en ambos pies al mismo tiempo, para ello es fundamental que el terapeuta desarrolle cierta destreza a la hora de ejecutarlo con ambas manos a la par, sabiendo imprimirles fuerza y ritmo armónico. Con esta técnica se consigue que la respuesta del sistema nervioso autónomo sea más efectiva y equilibrante, y que muchos de los síntomas que produce el estrés desaparezcan.

            Consta de varias partes, y su duración aproximada es de 35 a 40 minutos.

            La primera parte es desbloqueo de las articulaciones del pie y toma de contacto, después, se trabajan las zonas reflejas que se localizan en los dedos, que son las de la cabeza; y las de las almohadillas (zonas de hombros).

A continuación se trabajan las zonas reflejas de columna vertebral, y después, el resto de los sistemas: endocrino, digestivo, renal y linfático. Cuando hemos terminado con esta parte comenzamos con los puntos de la técnica metamórfica, colocando la mano suavemente sobre cada uno de ellos durante unos segundos. El masaje finaliza con una relajación suave.

La razón de introducir estos puntos es la de trabajar sobre nuestras emociones y miedos, ya que la causa de que el estrés nos lleve a enfermar es la actitud que tomamos ante él, y los miedos que nos impiden afrontarlo correctamente.

Otro de los casos más interesantes que he tratado con este sistema ha sido el de un varón de 23 años de edad que sufría de narcolepsia derivada de una situación de estrés emocional muy fuerte. Durante el día se quedaba dormido sin darse cuenta y durante la noche aunque dormía su cuerpo no conseguía entrar en la fase REM del sueño despertándose muy cansado y de mal humor. Durante el tratamiento también le hacía quiromasaje de espalda, ya que tenía muchas tensiones. A partir de la tercera sesión, comentó que al levantarse se notaba más descansado, y, después de la quinta me dijo que había dejado de tomar la medicación, pues notaba que ya no la necesitaba. Después de ocho sesiones le repitieron las pruebas del sueño y comprobaron que era totalmente normal.

Llevo varios años  trabajando con esta técnica y enseñándola a los alumnos de los cursos avanzados, todos coinciden en que después del masaje es como si la forma de ver las cosas hubiera cambiado y también la actitud. Pero ante todo debemos tomar conciencia de cómo nos planteamos nuestra salud y como nos implicamos en ella, sin esa complicidad con el terapeuta o con el médico no conseguiremos recuperar el equilibrio y desterrar la enfermedad.