TÉCNICA METAMÓRFICA Y MASAJE CELULAR

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El masaje Celular, va dirigido a trabajar en la memoria vibracional de las células del cuerpo. Al igual que la técnica metamórfica, se relaciona con los nueve meses de gestación de la persona ya que nuestras células comienzan a desarrollarse activando su conciencia desde antes incluso de la concepción.

Podríamos pensar que partimos de ahí, pero nuestro origen se remonta al propio Big Bang del que surgió el universo. En el libro “Historia de un átomo” de Lawrence M. Krauss podemos leer: “Somos literalmente hijos de las estrellas. Todos los átomos de nuestro cuerpo estuvieron alguna vez en el infierno de una estrella en explosión. Cada uno de ellos ha vivido innumerables y agitadas vidas. Estaban ahí al comienzo de los tiempos y sobrevivirán a la desaparición de la tierra y el sistema solar.”

Incluso la medicina tradicional china tiene muy en cuenta nuestro origen como parte del universo, un microcosmos dentro de un macrocosmos, organizándonos en el nivel inferior al igual que se organiza el superior.

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Cuando empecé mis estudios de biología, también aprendimos que nuestro sistema biológico forma parte de un ecosistema superior donde las mismas reglas de equilibrio y medio ambiente rigen para ambos. De ahí que en mis artículos siempre hable de desequilibrio en lugar de hablar de enfermedad.

Al igual que el péndulo, si oscilamos hacia un lado, no podemos estar en el otro, pero si somos capaces de encontrar el punto medio y oscilar en torno a él será más difícil desequilibrarnos.

Somos muchos los terapeutas que desarrollamos técnicas capaces de actuar en la memoria celular y, curiosamente conocemos los mismos trabajos de investigación que han desarrollado en ese campo los científicos, llegando a las mismas conclusiones. Unos días antes de comenzar a escribir este artículo cayó en mis manos el libro: “La Memoria de las Células”, en él su autor Luis Ángel Díaz desvela también cómo llega a través del estudio de numerosas terapias holísticas pero, principalmente, a través de su propia experiencia con el dolor, a desarrollar una técnica que denomina: “CMR”- Celular Memory Release- “liberación de la memoria celular”.

 

Cada uno utilizamos un camino en el trabajo de liberación, pero todos tienen en común que cada experiencia de la vida que nos impacta va dejando en nuestras células una frecuencia (vibración) de dolor o miedo específica que se extiende hacia las demás como una onda en un estanque. Bruce Lipton nos comenta en su libro: “Biología de la Creencia” que una onda solo puede anularse con otra del mismo tamaño y opuesta. Por tanto toda frecuencia se pude anular con una contraria de la misma intensidad. Esto nos abre un extenso camino hacia la investigación que se lleva a cabo desde hace años en la biofísica para tratar de encontrar aparatos cada vez más precisos a la hora de encontrar las frecuencias capaces de reequilibrar las células del cuerpo.

En el Masaje Celular partimos también del conocimiento de la técnica metamórfica, ya que muchos de nuestros desequilibrios no se han provocado en el momento presente sino que traen un patrón ya aprendido en el vientre materno o incluso en generaciones anteriores, es decir que nuestras células heredan no sólo los genes sino también un campo energético. ¿Cómo sucede esto?: porque están formadas por moléculas, éstas por átomos y éstos por partículas subatómicas que vibran en una frecuencia determinada. Ésta se puede ver alterada por los cambios del entorno en el que se desenvuelvan.

No sólo nuestro cerebro almacena los recuerdos de lo que nos ha sucedido o de lo que hemos traído en nuestra herencia familiar, social o de especie. Esa memoria también queda registrada en todas y cada una de nuestras células como una frecuencia personalizada que las rodea y las condiciona para que ante determinadas circunstancias reaccionen con un patrón de comportamiento aprendido.

Esas circunstancias pueden ir desde situaciones de estrés a momentos felices, la respuesta de todo nuestro cuerpo se ve dirigida por ese patrón del que ni siquiera somos conscientes, ya que la memoria a la que tenemos acceso desde nuestra conciencia es sólo la punta del iceberg de lo que almacena el inconsciente.

Muchas terapias fracasan cuando intentan llegar al origen del conflicto desde lo que la persona es capaz de recordar, eso se debe a que posiblemente ni siquiera sepamos cual es el patrón de conducta que nos daña.

Cada vez que experimentamos una emoción, nuestro cerebro descarga un torrente de neurotransmisores (neuropéptidos) que fluyen a través del sistema circulatorio hasta llegar a cada una de las células, éstas tienen en su membrana una proteína capaz de reconocer y reaccionar con el péptido que le llega, impregnando de ese modo a todo el organismo con esa emoción. Esta sería la vía fisiológica que utiliza el cuerpo para reconocer las emociones.

Según sean los neuropéptidos que genere nuestro cerebro cada día nuestras células percibirán más un tipo de emoción u otro, por ejemplo: miedo, tristeza o frustración en personas depresivas, o esperanza alegría o amor en personas optimistas capaces de encontrar la serenidad y la paz en su conocimiento interior.

Podemos detener el proceso que nos debilita desde la respiración, la relajación, la meditación o el cambio de pensamientos, pues al igual que un pensamiento nos puede hacer sentir mal, podemos encontrar otro que lo neutralice.

El Masaje Celular nos ayuda en este proceso relajándonos y permitiéndonos conectar con nosotros mismos.

 

 

 

En la técnica Metamórfica trabajamos en los pies (en zonas reflejas de columna vertebral y cabeza), en las manos y la cabeza; en el masaje Celular el trabajo se realiza directamente en columna vertebral y cabeza, sintiendo al cuerpo y siguiendo sus movimientos de una manera suave, sin emplear a penas fuerza ya que nuestras manos se deslizan literalmente sobre la columna y partiendo desde el cóccix, se desplazan observando los movimientos sutiles y los latidos del cuerpo.

Nos limitamos a acompañar pasando frecuencias de energía tratando de reequilibrar las zonas que vamos recorriendo. Como explicaba con el símil de las ondas, cuando nos encontramos una zona alterada pude suceder que al quedarnos ahí la persona sufra un ligero espasmo o movimiento liberador de tensión cuando el cuerpo se relaja.

Suelo terminar el trabajo en la cabeza, pero no permanezco nada más que dos minutos en ella, ya que es una zona que concentra mucha energía, por lo que podría causarle dolor o pesadez. Aunque también puede suceder que la persona venga con dolor de cabeza y después del masaje se le pase por completo.

Trabajar directamente en la columna vertebral requiere invertir menos tiempo en la terapia, ya que es ahí donde se ubican nuestros centros de energía por lo que no es conveniente permanecer en ella más allá de treinta o treinta y cinco minutos, ya que las reacciones pueden ser muy fuertes, y en algunos casos viscerales. Tuve la oportunidad de experimentarlo en mi misma, y siendo aparentemente una persona tranquila, me desató una ira difícil de controlar. Aunque no aparezca nada que no tengamos dentro, sí podemos evitar que las emociones se disparen.

Es importante que como terapeutas y más si enseñamos la terapia nos traten de vez en cuando, eso nos hace ser más conscientes de lo que le puede suceder al otro cuando la recibe y podemos tranquilizarle si siente que se le despiertan emociones que no puede manejar, eso será algo pasajero, es bueno que lo experimente, pues sacamos del subconsciente miedos que no recordamos.

Cuando conectamos con nosotros mismos podemos sentir el amor incondicional que llevamos dentro y, el amor, es la vibración más poderosa capaz de neutralizar las frecuencias que nos desequilibran.

 

Firmado:

Carmen Benito.