ROMPER EL CICLO DESTRUCTIVO DE LAS EMOCIONES CON EL MASAJE METAMÓRFICO

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            La técnica metamórfica desarrollada por Robert St. John trabaja en el pie de forma refleja un aspecto que otras terapias no contemplan, el período prenatal, cuya influencia es esencial en la formación de nuestras estructuras físicas, mentales y emocionales.

            Son precisamente nuestras emociones uno de los factores que más  influye a la hora de desequilibrarnos, haciéndonos entrar en un ciclo destructivo que nos conduce a la enfermedad.

La emoción es energía pura que se materializa y manifiesta a través de los fluidos de nuestro cuerpo.

Cuando se quedan estancadas observamos retención de líquidos (sangre, agua o linfa) y cuando fluyen sin ningún control puede aparecer exceso de sudoración, calor o rojez por afluencia excesiva de sangre.  

Según la ley de los cinco elementos de la medicina tradicional china, para que el cuerpo físico se encuentre en equilibrio los órganos deben estarlo y también las emociones que los rigen.

Durante el tratamiento metamórfico, son las emociones las que darán dirección al movimiento de transformación en nosotros, a través de los sentimientos se llega a la comunicación con nuestro ser interior y con los demás.

El ciclo constructivo comienza en el elemento agua, sigue con la madera, después el fuego,  la tierra y el metal, para volver de nuevo al agua; ¿Cuál será la primera emoción que produzca estancamiento?: Será el miedo, que se corresponde con los órganos de riñón y vejiga, debilitándolos. La virtud que podrá combatir el miedo y recomenzar de nuevo, será la confianza.

En los tratamientos de metamórfico he observado que ese miedo que bloquea e impide avanzar a la propia vida se trata tanto el punto de concepción (localizado en la articulación de las dos falanges del 1º dedo) como el de nacimiento (en la inserción del tendón de Aquiles en talón).

La concepción se relaciona con nuestro principio masculino, con nuestra relación con el padre, por tanto con la autoridad y la autoestima. El miedo, la debilidad, la angustia; nos van a provocar inseguridad, baja autoestima, falta de control sobre nuestra vida permitiendo que nos manejen. Perdemos nuestra conciencia de seres iguales pasando a sentirnos inferiores o superiores a los demás.

El siguiente elemento, la madera, tiene como órganos al hígado y la vesícula biliar, y su energía está controlada por el enfado, que llevado al extremo pasa a ser la cólera; ésta nos conduce hacia la intolerancia, la impaciencia y la insatisfacción, con lo que nos rodea y con nosotros mismos. Conectaremos con esta emoción en el arco del pie, donde se localiza la segunda parte del período de post-concepción que va desde la 10ª a la 18ª semana de gestación; al trabajar sobre esta zona ayudamos a desbloquear ese nudo emocional que nos impide seguir avanzando. En el pie a nivel reflejo podemos localizar en esta área parte del sistema digestivo: hígado estómago bazo, páncreas.

Liberar la cólera dará lugar a la virtud de la paciencia y la tolerancia, lo que nos permitirá avanzar en nuestra evolución como personas, desarrollando nuestra creatividad y alegría adquiriendo cada vez más confianza en nuestras posibilidades.

La creatividad está en el elemento fuego, cuyos órganos son: el corazón, el intestino delgado, el pericardio y el meridiano triple calentador que controla el sistema hormonal. Cuando la emoción es destructiva aparecen la rutina y el aburrimiento. Trabajar sobre la zona del “compromiso con la vida” (aproximadamente 8ª semana de gestación), que se sitúa en la articulación de la falange y el metatarsiano del primer dedo (zona de juanete) puede ayudarnos a transformar la apatía en trabajo y creación. Comprometernos con nuestra propia vida y tomar conciencia de nosotros mismos.

En el elemento tierra los órganos son bazo-páncreas y estómago, si la emoción es positiva estaremos ante el buen humor, la buena comunicación y la acción, todo lo que vamos creando le daremos forma para materializarlo. Sin embargo, si la emoción es negativa, no podremos prepararnos para actuar porque aparecerán los miedos e inseguridades, la duda y el escepticismo. Trabajando sobre la zona de animación que se corresponde con las semanas 18ª a 22ª de gestación y que se localiza a la altura del hueso navicular en el pie ayudamos a liberar esa emoción de forma que podamos comenzar a movernos y actuar (como en ese periodo dentro del vientre materno), estableciendo la comunicación con los demás de forma positiva.

El siguiente elemento, el metal, tiene como órganos el pulmón y el intestino grueso. Si la emoción es positiva llegaremos a la plenitud, estaremos satisfechos, desapegados y liberados; pero si la emoción es destructiva todo será posesión y apego, insatisfacción y envidia, miedo a perder lo que creemos poseer. En este momento trabajar sobre las zonas de prenacimiento localizadas en el talón, nos ayuda a modificar esas emociones y a transformar la depresión en valor para comenzar una nueva etapa en nuestra vida. Este momento prenatal conecta con el principio de la madre, con el lado femenino, con nuestra capacidad de cuidar, alimentar, amar, de ahí que los apegos no nos permitan dar la libertad de “ser” a los que tenemos cerca, o a nuestros hijos o a nuestras obras.

Aquí llegamos de nuevo al elemento agua y conectando con el punto del nacimiento (tendón de Aquiles) habremos llegado al final de la transformación, a la metamorfosis, teniendo el valor para volver a nacer de nuevo invirtiendo el ciclo de destrucción en otro de construcción y creatividad.