RELACIÓN PADRE- MADRE- HIJO A TRAVÉS DE LA TÉCNICA METAMÓRFICA

  •  
  •  
  •  
  •  

            La relación que mantenemos a lo largo de la vida con nuestros padres, sobre todo en las primeras etapas, se proyectará posteriormente en la que estableceremos con  nosotros mismos y con los demás, a través, de nuestro lado femenino (capacidad de cuidar, alimentar, de ternura, creación)  y masculino (autoridad y  autoestima ).

         Con la técnica metamórfica, somos capaces de desbloquear cada etapa del desarrollo embrionario relacionada con la evolución de esta dualidad que forma parte de nuestra estructura mental  emocional y física.

         Robert St.John nos muestra  cómo es ese camino hacia el interior de nuestra personalidad, desde la preconcepción hasta el nacimiento. Partiendo de la nada (no hemos sido concebidos), con todo el potencial latente dentro de sí, hasta el momento del alumbramiento (palabra que tiene un significado especial: llenar de luz y claridad); recorremos un largo camino en el desarrollo embriológico que se ve influenciado también por factores externos: la relación que se establece con la madre y su vivencia del embarazo y la que se establece con el padre y su estar presente en cada momento.

         Cuando el embrión está en pleno proceso de formación es muy susceptible a cualquier cambio que se produzca en su  pequeño universo. Las influencias pueden ser tanto negativas como positivas. A través de la madre el niño se alimenta y respira, también los pensamientos y sentimientos que ella tenga llegarán al feto.

La conexión emocional entre ambos se realiza a través del sistema neuroendocrino, si la madre es feliz y comunica a su hijo sentimientos de amor y que es deseado, el niño será feliz. Si por el contrario está profundamente deprimida o lo rechaza eso hará que el niño se deprima o le provoque ansiedad. Pero no nos alarmemos, ya que situaciones pasajeras de preocupación en la madre no van a afectar al niño, sólo si hay una agresión continua a nivel hormonal, podrá influirle profundamente.

         Aunque siempre se habla del vínculo afectivo madre-hijo durante la gestación, no menos importante es la relación que se establece con el padre a través de lo que vive la madre. El apoyo emocional y afectivo que preste a ésta durante el embarazo es crucial en el desarrollo del feto.

 Es curioso ver las costumbres antropológicas de algunos pueblos en los que cuando llegaba el momento del parto el varón era capaz de sentir los dolores y contracciones igual que la madre, siendo asistido durante el alumbramiento como la mujer.

El Dr. Verny, en su libro “La vida secreta del niño antes de nacer”, nos habla de que el feto ya es un ser humano consciente que reacciona y lleva una vida emocional. Puede ver, oír, experimentar, incluso aprender en el útero. Con las nuevas ecografías de las que disponemos en la actualidad llegaremos a descubrir muchas más facetas de la vida intrauterina.

De todo lo expuesto, deducimos, la importancia del período prenatal para el desarrollo tanto físico como emocional de la persona. En el masaje metamórfico encontramos una buena herramienta para trabajar en las distintas fases de ese desarrollo a través de  sus zonas reflejas localizadas en el arco del pie.

Si además la madre y el padre aprenden a hacérselo a su hijo o entre ellos, la terapia se extiende también al entorno familiar creando lazos afectivos fuertes y sanos.

El trabajo metamórfico se realiza a través de caricias en el arco del pie. Siguiendo un orden lógico trataremos primero las áreas de PRECONCEPCIÓN, que conectan con las glándulas endocrinas: pineal (controla los ritmos biológicos) e hipófisis (controla el sistema hormonal). Este punto se localiza en la uña del primer dedo (pulgar). A continuación, pasamos al punto de CONCEPCIÓN, donde se articulan las dos falanges del dedo, este punto se relaciona con el padre y por tanto con nuestro lado masculino; es donde aparece la esencia del ser en su totalidad, como una unidad que comenzará a fraccionarse desarrollarse y crecer en la etapa siguiente: la POSTCONCEPCIÓN. En este período hay un momento crucial que se produce alrededor de la 8ª a 10ª semana: el “compromiso con la vida” (muchos abortos espontáneos se dan en el segundo mes de gestación) localizado en la articulación de la falange con el metatarsiano del primer dedo, donde se forma el juanete. Entre la 18ª semana de gestación y la 22ª entramos en el período de ANIMACIÓN coincidiendo con el momento en que el feto se mueve cada vez más dentro de la madre y establece contacto con lo externo (es capaz de oír ruidos fuertes y detectar la luz); este período se refleja en la primera cuña y el hueso escafoides. A partir de la 24ª semana entramos en el PRENACIMIENTO, conectando con nuestro lado femenino; comienza la preparación para el parto, todas las estructuras ya están formadas, sólo falta que maduren; está reflejado en el hueso calcáneo y en la articulación de los maléolos tanto interno como externo (articulación de tobillo). Por último llega el momento para el que nos hemos estado preparando: el NACIMIENTO, de él dependerán nuestros miedos o valor a la hora de afrontar los cambios de la vida; esta área se refleja en la inserción del tendón de Aquiles.

  Todos conocemos la importancia que tiene en los primeros estadios de la vida del niño el contacto físico, de hecho muchas  escuelas de masaje enseñan ya técnicas especiales para trabajar con el bebé principalmente para la madre, así como el desarrollo a través de la estimulación multi-sensorial sobre todo para niños que nacen con problemas. Por tanto es el tacto el principal órgano de los sentidos que va a influir en los primeros meses de la vida.

La mejor manera de trasmitir nuestro amor es a través de nuestras manos. Eso lo aprendí bien en los años que estuve trabajando como voluntaria con personas discapacitadas psíquicas haciendo masaje metamórfico. El médico del centro nos llamaba “acariciadores”, y decía que cumplíamos una función importante que un centro de ese tipo muchas veces no puede llegar a realizar por falta de tiempo. Aunque los cuidadores de estos chicos les quieren mucho y les tratan muy bien.

No sólo nos convertimos en “acariciadores” sino que  también fuimos acariciados y amados por ellos. La relación afectiva que nació entre nosotros durará siempre. Ellos nos enseñaron a abrazar.