NUESTROS PIES CAMBIAN PARA ADAPTARSE AL CAMINO.

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Elegí este título para un artículo sobre la Técnica Metamórfica por una razón: desde que somos niños y hasta el final de nuestra vida los pies van cambiando su aspecto, nos hablan de cómo nos enfrentamos a las cosas, su flexibilidad es indicativo de nuestra capacidad para adaptarnos, y si ellos son moldeables, nosotros también. A través de su forma, durezas, arco, etc., podemos saber mucho del carácter de la persona a la que estemos tratando.

Todos tenemos que adaptarnos a las distintas situaciones de la vida y según cómo seamos a la hora de aceptar esas vivencias iremos cambiando la huella de nuestros pies.

Cuando hago un tratamiento de metamórfico a un niño es donde mejor observo su flexibilidad y adaptación a las circunstancias que les toca vivir. Gracias a la gran plasticidad cerebral que tienen, son capaces de resolver problemas que para un adulto necesitarían mucho tiempo de terapia.

La pérdida de uno de los padres deja en ellos miedo, ya que no entienden la muerte porque son demasiado jóvenes para que sus células conozcan otro proceso que el desarrollo para crecer y vivir (Nuestras células están diseñadas para sobrevivir hasta en condiciones extremas). Eso le pasa a uno de los niños que trato, su padre falleció cuando tenía cuatro años, y ahora que tiene ocho, todavía no entiende bien lo que es la muerte, ni donde está su padre. De hecho noto que le preocupa no sólo con respecto a las personas sino también en el caso de los animales.

Pero no sólo los niños temen las pérdidas, también los adultos, pues a pesar de que entendemos que los padres se van cuando son muy mayores porque llega su momento no lo podemos aceptar.

He tenido personas en tratamiento que han perdido a alguno de sus padres sin haber llegado a resolver los conflictos que tuvieron. Permanece en ellos una sensación de culpa o vacío, que no pueden cambiar porque ya no están aquí. Leí un artículo muy interesante del monje budista Thich Nhat Hanh sobre estas situaciones, en el que recomendaba a las personas que les sucediera esto, que a través de la meditación conectaran con la parte de su padre o de su madre que llevan en sus propias células y hablaran con ellas, diciéndoles todo lo que no se dijeron. Yo las animo también a perdonar y pedir perdón, de esta forma estaremos perdonando y dejando ir esa parte de nosotros que conecta con el patrón paterno aprendido y, que tantos conflictos nos ha ocasionado.

Por eso cuando alguien que tiene problemas con su padre o su madre, decide tratarse con la Técnica Metamórfica, lo primero que tiene que trabajar es con el perdón. Se que no es fácil, ya que todos queremos tener la razón cuando media un conflicto, y salvo casos en los que ha habido maltrato por parte de alguno de los padres o los dos; se pueden establecer nuevas relaciones a través de un diálogo. Cuando somos adultos y capaces de observar desde una distancia objetiva, podemos tratar de ponernos en el lugar del otro e intentar comprender su comportamiento; también ellos fueron hijos y aprendieron de sus padres, y no han sabido hacerlo mejor. Actualmente la sociedad tiene más herramientas psicológicas para resolver los conflictos que la imposición.

Hay casos en los que es imposible ponerse en el lugar del otro, como el de un niño de seis años que estoy tratando, su madre está diagnosticada como “Asperger” y es una persona incapaz de manifestar emociones de amor y ternura hacia su hijo ya que no siente empatía hacia los demás, tiene muchas manías con la forma de alimentarse, y le martiriza psicológicamente si se le ocurre comer carne (diciéndole que a ese pobre animal le han matado para que él se lo coma). Todo esto ha hecho que el niño muestre algunos de sus rasgos en el carácter y tenga muchos miedos. Con el metamórfico hemos ido poco a poco consiguiendo que cambie en su comportamiento y mejore de sus miedos. Actualmente está en una asociación especializada en este tipo de problemas que le brinda mucho apoyo y otras terapias. Cuantas más herramientas se utilicen mejor será la ayuda que reciba y los resultados que se obtengan.

Robert St. John creador de la técnica decía que la vida es la gran transformadora; nuestras experiencias son por tanto las que nos conducen hacia el cambio, ya sea para bien o para mal.

La influencia del momento del nacimiento también es fundamental, un ejemplo es el caso de otra niña a la que trato cuya madre tuvo un parto difícil: primero le pusieron la anestesia epidural, y como no dilataba le inyectaron la oxitocina para estimular las contracciones, así la tuvieron varias horas sin prestarle la debida atención, cuando la matrona se dio cuenta de que había pasado mucho tiempo y no daba a luz, la llevó al paritorio, el médico sacó a la niña con forceps pero para entonces ya había sufrimiento. Prácticamente no pudo ver a su hija porque se la llevaron inmediatamente a la incubadora, impidiéndole que formara el vínculo afectivo tan necesario en el momento del nacimiento, ni con la madre ni con el padre, ya que la separaron literalmente de todos. Imaginaros el miedo que ese bebé recién nacido tuvo que experimentar. Ese estrés se ha traducido en que ahora muchas cosas le provocan miedo, los cambios la preocupan hasta el punto de obsesionarse con ellos, y sufre muchas veces de pesadillas. Conserva todavía un pánico exagerado a los animales como: serpientes, arañas, perros, cosa que normalmente va desapareciendo con la edad. Estoy tratándola con la técnica Metamórfica y hemos conseguido muchas mejorías aunque en el momento que tiene que enfrentarse a un cambio, aunque vaya a producirse en meses, sigue obsesionándose con ello. Hablamos mucho y trato de explicarle que esos cambios se pueden producir de muchas maneras, y aunque razona como una adulta, me doy cuenta que sus miedos infantiles siguen en su subconsciente, poco a poco lo irá consiguiendo.

Es fundamental establecer el vinculo afectivo entre la madre y el hijo en el momento del nacimiento y por desgracia el haber convertido el parto en algo tan mecánico a veces resta mucho a la relación que debe establecerse de forma natural entre ambos en ese momento de la vida.

Cuando comenzamos a trabajar con metamórfico lo primero que hacemos es el tratamiento en los pies, ya que estos son los que nos llevan por la vida, los que caminan y los que nos ayudan en el proceso del cambio.

Hace unos meses me entrevistaron sobre lo que nos indican los diferentes problemas que aparecen en los pies a las personas que hacen el “Camino de Santiago”, estuve explicando que según donde aparecen las rozaduras o las ampollas, intuimos la relación que tienen con los conflictos que se van liberando. Las ampollas son, en muchos casos, conflictos emocionales no resueltos y, precisamente es al hacer el camino cuando soltamos ese equipaje que llevamos de más en nuestros hombros (de ahí que las ampollas suelan aparecer en la zona de la almohadilla en la planta del pie, donde se reflejan las vértebras dorsales altas y las escápulas).

En la Técnica Metamórfica trabajamos los nueve meses de gestación. Desde antes de ser concebidos hasta el momento del nacimiento se van ha formar los pilares de toda nuestra estructura: física, mental y emocional. Lo que la madre vive en esos nueve meses nos influye directamente, sobre todo aprendemos sus patrones de comportamiento emocional, marcados por diferentes niveles de neurotransmisores que son capaces de atravesar la barrera placentaria y llegar al embrión, dejando una huella en la membrana de sus células en forma de proteínas receptoras de señal.

Las emociones y la forma que cada uno tenemos de gestionarlas son base de nuestra personalidad.

En la Medicina Tradicional China se les da mucha importancia, ya que se estudia en que medida van a gobernar la energía de los órganos:

En el elemento madera la emoción que controla es el enfado o en casos más extremos la ira y la cólera; cuando la emoción se descontrola afectan al hígado y la vesícula biliar. Estos órganos en desequilibrio también pueden provocar intolerancia, impaciencia e insatisfacción.

Cuando trabajamos con las emociones podemos transformar lo negativo en positivo, dando paso a la tolerancia y la paciencia, valores que nos ayudan a ser mejores personas.

En el elemento fuego cuyos órganos son corazón e intestino delgado si las emociones no están en equilibrio aparecen la apatía y el aburrimiento, que cuando se equilibran darán lugar al trabajo y la creatividad.

En el elemento tierra que controla bazo-páncreas y estómago un desequilibrio emocional nos puede llevar a las dudas y el escepticismo, mientras que equilibrarlo nos ayuda a recuperar el buen humor y la acción.

En el elemento metal al que pertenecen el pulmón y el intestino grueso la emoción negativa puede conducir al apego, la envidia y el miedo a perder lo que creemos poseer, mientras que el equilibrio nos lleva a la satisfacción, el desapego y la liberación.

En el elemento agua cuyos órganos son el riñón y la vejiga el miedo será la emoción que más lo desequilibre, mientras que la confianza será la única capaz de cambiarlo.

Pero si observamos bien, detrás de todas las emociones que nos perjudican siempre está el miedo.

Cuando nuestra mente está serena somos capaces de entender mejor lo que nos pasa para poder cambiarlo, de ahí la importancia de dedicar de vez en cuando un tiempo a la meditación, vaciar de pensamientos que nos enturbian ayuda a mejorar nuestra salud emocional, vemos con más claridad los problemas que nos preocupan y somos capaces de encontrar las soluciones apropiadas si las hay, y si no las hay, no sirve de nada preocuparse, es mejor dejar que se vaya resolviendo poco a poco.

Antes nuestros padres vivían preocupados por poder comer, tener trabajo y sacar a delante a su familia, hoy nuestra sociedad vive buscando más allá de satisfacer nuestras necesidades primarias, y como objetivo final desea encontrar la felicidad, pero muchas veces se olvida que la felicidad es un estado interior de bienestar con uno mismo, no algo que se consiga con lo que obtengamos fuera de nosotros.

Cuando hacemos un tratamiento de metamórfico no podemos olvidar que nosotros somos sólo catalizadores del trabajo que estamos haciendo, que no podemos implicarnos en la historia del otro porque perderíamos nuestra capacidad para ayudarle. Pero algunas personas se convierten en dependientes de la terapia al igual que les sucede muchas veces a los psicólogos con sus pacientes, es como si no quisieran que acabara nunca por miedo a no saber seguir solos. Intento que esto no suceda, ya que no es bueno ni para la persona ni para mí. Hace unos años me sucedió que una de mis clientas después de una sesión de metamórfico me dijo: “sé que algún día me suicidaré”. Sinceramente esas palabras me enfadaron mucho, ya que en aquella época trataba a mi amigo Marcos, un luchador que, a pesar de haberse quedado tetrapléjico en accidente de tráfico, todo su afán era seguir adelante aunque dependía de los demás para todo, desde moverse, comer, beber, su higiene, etc. y trataba de conseguir vivir independientemente de sus padres. Le dije que no podía entender por qué una persona como ella que lo tenía todo no era capaz de luchar para dejar atrás los problemas que había tenido con su madre y, que según me contaba eran el origen de todos sus conflictos. Me miró muy seria y me dijo que ella no estaba allí para que yo la juzgara sino para que le hiciera terapia. Fue la última vez que volví a mencionar el tema. En una cosa tenía razón, yo me había implicado y tratado de compararla con otra persona para mí mucho menos afortunada. Hoy creo que mi amigo Marcos era más afortunado y, era un gran maestro; la relación afectiva que tuvo siempre con sus padres fue tan buena y equilibrada que le ayudó a querer ser independiente, incluso en sus circunstancias, y lo consiguió.

Trabajar con los niños es muy bonito, pero cuando se trata de niños con problemas graves, o con discapacidad, las madres, o alguien del entorno familiar debe aprender la terapia para poder hacérsela más a menudo. Incluso es muy bueno que la madre también se trate, ya que convivir con determinadas enfermedades es muy duro.

La Técnica Metamórfica ayuda mucho, pero las personas no pueden pensar que sólo con ella van a resolver problemas muy graves, en niños con lesiones cerebrales o discapacidad se deben contemplar todas las posibilidades de terapias de estimulación, cuantos más estímulos reciba el niño mayor será su recuperación, teniendo siempre en cuenta el tipo de problema que hay. De hecho los neurólogos aconsejan empezar desde el momento del nacimiento, ya que la mayor plasticidad cerebral del niño está entre los cero y seis años y, aunque después también la tenga, es a esa edad cuando se construyen las redes neuronales básicas más importantes de todo el aprendizaje.

El metamórfico se aplica principalmente en los pies, pero también se trabaja en las manos y la cabeza. La mano es el centro de la acción, y cuando comenzamos el proceso de cambio necesitamos también tomar las riendas de nuestra vida, ahí es donde el trabajo en las manos nos ayuda. La cabeza es el centro del pensamiento, por tanto de donde surgirá toda nuestra capacidad de crear y dirigir nuestra vida.

Hay personas a las que no les gusta que les toquen los pies. En ese caso podemos recurrir al Masaje Celular, en el que trabajamos directamente los nueve meses de gestación de la persona sobre la columna vertebral y sobre la cabeza en lugar de utilizar las zonas reflejas de ambas en los pies.

Para concluir este artículo me gustaría animar a las personas que quieran acercarse al conocimiento y práctica de esta sencilla técnica, que después de casi veinte años practicándola no deja de sorprenderme. Pero a veces el milagro no está en conseguir que una persona sane de su enfermedad, sino que aprenda a vivir con lo que tiene y sea capaz de superar las circunstancias más difíciles.

Cuando practicamos la técnica, también los terapeutas vamos cambiando, entrando en el proceso de transformación cuando nos mantenemos presentes mientras aplicamos el masaje, poco a poco aprendemos a escuchar al otro sin mediar palabra.