LOS NIÑOS Y LA TÉCNICA METAMÓRFICA

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En los años que llevo dedicándome a la Técnica metamórfica he tenido la oportunidad de tratar a muchos niños, desde bebés de pocos días hasta adolescentes.

Trabajar con ellos es muy gratificante porque les resulta mucho más sencillo entender y aceptar lo que les hago que a los adultos, no se cuestionan nada, simplemente reciben.

Aunque hayan pasado algunos años, son capaces de recordar el tiempo en que venían a recibir los masajes en los pies y muchas veces preguntan que cuando van a volver, por tanto son conscientes de que les ayudó.

Hace dos años tuve como alumna a la madre de uno de ellos, le había tratado cuando tenía cinco años porque su relación era muy conflictiva siempre estaba trasteando, desobedeciendo y no paraba de tener problemas con su autoridad. Eran tres hermanos y él era el del medio. En el colegio lo tenían catalogado como un niño hiperactivo y muchas veces acababa con la paciencia de su madre.

Sé lo que es tener un hijo hiperactivo que te lleva al límite para cogerte la medida de lo que puede conseguir de ti, mi hijo fue así y gracias a grandes dosis de paciencia, mucho diálogo y negociación conseguimos que su gran capacidad se decantara hacia el estudio y el trabajo, hoy con veintisiete años tiene dos licenciaturas dos masters y un doctorado. En algunos casos son niños muy inteligentes, con capacidad para hacer varias cosas a la vez y se aburren si no satisfacen su curiosidad. No todos los que se catalogan como hiperactivos con déficit de
atención lo son, eso debe ser valorado por un profesional especializado.

Comencé el tratamiento con la madre y al cabo de cinco sesiones ya se encontraba más calmada, notaba que tenía mucha más paciencia con el niño y quería que también le tratase a él, así que una semana venía ella y otra traía a su hijo. En poco tiempo la relación entre ellos se había normalizado, aunque hacía sus trastadas como cualquier niño de cinco años, la madre lo vivía de otra forma y esa hiperactividad que parecía manifestar al principio se fue transformando, era mucho más cariñoso con su madre y ella le entendía mejor.

Dos años después vino al curso de reflexoterapia y al de metamórfico, le pregunté por su hijo  me contó que estaba muy bien, centrado y aprendiendo mucho en el cole y algo que llamó mi atención es que todavía se acordaba de mí y de los masajes que le daba. Es curioso cómo los niños aun siendo tan pequeños no se olvidan de esta terapia.

El pasado diciembre me llamó una antigua alumna y clienta a la que había tratado hacía más de tres años junto con su sobrino de cinco años que tenía muchos miedos nocturnos, no podía evitar hacerse pis por la noche e incluso a veces durante el día en el colegio. El niño vivía con los abuelos y la tía además de su madre, que sufría una serie de trastornos cercanos al síndrome de Asperger (problemas para tener relaciones sociales y empatizar) muy manipuladora tanto con la familia como con su expareja y que utilizaba en muchas ocasiones a su propio hijo en sus manipulaciones.

El colegio en el que estaba tampoco era el idóneo para ayudarle, ya que no estaba preparado para una educación emocional especial. Le estuve tratando durante unos cuatro meses una vez a la semana y en ese tiempo se produjeron varios hechos, no sólo mejoró el niño sino que los abuelos consiguieron cambiarle de colegio para el curso siguiente a un  centro especializado cerca de su casa para el que, en teoría, era difícil conseguir plaza.

Cuando me llamó en diciembre me preguntó que si me acordaba de ellos, le dije que sí y le pregunté por el niño, me comentó que estaba muy bien, que ya tenía nueve años, que no se había olvidado de mí y le preguntaba que cuando iban a venir a verme.

Me emocionó que todavía me recordara y que quisiera volver a que le diera masaje.

El pasado otoño comencé a tratar a dos niños, esta vez ambos venían a tratamiento por problemas del sistema digestivo, uno de cinco años celíaco y otro de nueve, adoptado desde hace cinco años, de origen chino, con muchos problemas de estreñimiento. El tratamiento  para los dos ha sido una parte de reflexoterapia podal y otra de metamórfico en cada sesión.

Al pequeño le habían puesto ya en clase la etiqueta de niño hiperactivo porque siempre estaba peleándose con otro que le buscaba las vueltas, pero al que siempre pillaba la profesora era a él. Durante el tratamiento era muy gracioso porque mientras le hacía reflexoterapia estaba muy juguetón y movido, pero en cuanto empezaba a hacerle metamórfico se quedaba profundamente dormido hasta el punto de irse todos los días en brazos de su padre porque no se despertaba. En una de esas sesiones me dijo: hoy no me voy a dormir, pero en cuanto comencé metamórfico por muchos esfuerzos que hizo se quedó dormido.

Al cabo de unas sesiones la madre consiguió que le cambiaran de clase y de profesora en el colegio, porque se aburría y no avanzaba, ya tenía capacidad para leer y no le dejaban para no romper el ritmo de la clase. A partir de ahí empezó a cambiar su comportamiento y a las ocho sesiones le di el alta. Hace poco le han repetido las pruebas de celiaquía y ha mejorado mucho, sus niveles han descendido considerablemente. Se unen dos factores, el tratamiento y la maduración de su sistema inmunológico.

El de nueve años aún viene a tratamiento, ha mejorado mucho del estreñimiento, antes se tiraba una semana sin ir al servicio y ahora es sólo uno o dos días a la semana los que no va. También es muy movido y muy inteligente, desde luego no se queda dormido en las sesiones, ya que nos las pasamos jugando a decir nombres de animales, el tratamiento va dando sus frutos, su madre me comenta que ya va teniendo mucho mejor comportamiento, su relación con ella ha mejorado y se muestra mucho más cariñoso, antes le costaba mucho dar abrazos y besos ahora no. En los estudios también está más centrado. Dentro de poco terminaremos el tratamiento, lo curioso es que cuando le sugerí que ya íbamos a terminar y
que no tendría que venir más me preguntó preocupado si es que ya no nos íbamos a ver, le dije que sí, que cuando quisiera podría venir a visitarme y se quedó más tranquilo.

Los niños reaccionan muy bien a esta técnica y el tratamiento con ellos es más corto que con un los adultos, da gusto porque como terapeuta nos dejan muy bien, nada les parece raro ni se lo cuestionan.

Carmen Benito
Licenciada en Biología
Directora del Centro de Bioestética Carmen Benito