LAS EMOCIONES Y LOS ESTADOS DE ÁNIMO

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Hoy se habla constantemente de las emociones y de su influencia directa en todo lo que nos pasa cuando se desequilibran. Son parte fundamental de nosotros mismos, nos hacen humanos y nos ayudan a dar una respuesta a lo que vivimos a cada momento, condicionadas a las circunstancias.

La parte emocional vibra en nuestro corazón para acercarnos o separarnos más al otro. Ayudan a la mente racional a tomar las mejores decisiones.

¿Qué sería de nosotros sin las emociones? Nos definen y hacen que tengamos un carácter peculiar. Nos ayudan a llevar una vida más completa, por tanto es fundamental mantener nuestro juego emocional en equilibrio.

Como terapeutas parte de nuestro trabajo es escuchar a la persona que viene a consulta, y también hacerla que se escuche a ella misma sobre todo cuando busca una respuesta a sus problemas, porque muchas veces ya la conoce.

Una de las terapias que más practico y que me ha llevado a aprender cada vez más sobre nuestro comportamiento emocional es el Masaje Metamórfico. Como dije al principio, hay factores externos que van a influir decisivamente en la expresión de nuestras emociones y, el más importante va a ser la educación que recibamos en nuestra infancia. La Técnica Metamórfica tiene la capacidad de trabajar no sólo sobre los nueve meses de nuestra gestación ya que desde el vientre materno aprendemos a enfrentarnos a la vida, sino también sobre lo que vivimos desde el nacimiento hasta nuestro momento presente.

He tenido personas en consulta que tras sufrir malos tratos en la infancia, han tenido parejas maltratadoras. Pero aquí están, buscando solucionar sus emociones rotas y esos patrones aprendidos para, recuperar sus vidas.

Lo primero que debemos hacer como terapeutas es escucharlas, siendo conscientes de que nosotros no podemos implicarnos en su historia pero sí estar ahí, dando lo mejor en este trabajo que amamos y transmitiendo ese amor a través de nuestras manos.

Pero más sutiles aún que las grandes emociones como el miedo, la obsesión o la ira; y que no se manifiestan con grandes aspavientos pero que nos influyen cada día, son “los estados de ánimo”, esa sensación con la que nos levantamos cada mañana y que van a marcar mucho más activamente la manera con la que afrontamos las situaciones que se nos presenten cada día, influyendo en nuestro equilibrio general.

Después de haber pasado por un estado emocional fuerte (la pérdida de la pareja, del trabajo, etc.), hay un tiempo de introspección en el que conectamos con nosotros mismos para ver cómo nos sentimos exactamente, esa parte de reconocimiento va de la mano de un estado de ánimo, que será más optimista o pesimista en función de muchos factores. Por ejemplo, si hemos tenido momentos en los que hemos sido muy felices o lo hemos pasado estupendamente, cuando lo recordemos vamos a sentirnos reconfortados, optimistas, y en ese momento nuestro cerebro reproducirá el holograma de la situación vivida hasta tal punto de generar hormonas y neurotransmisores como cuando lo vivimos.

En muchas ocasiones aconsejo a las personas que vienen a tratamiento que busquen imágenes que les hagan sentir bien. Incluso paseando por una ciudad como la nuestra, soportando el ruido del tráfico y la contaminación, podemos ser capaces de sentir en un día de viento que, cuando cerramos los ojos, nos encontramos en una hermosa playa donde la brisa del mar nos envuelve y solo oímos el sonido de las olas. Yo lo he hecho y es muy relajante, me transporto a otro lugar y de repente mi cerebro es capaz de desconectar los pensamientos negativos y devolverme la serenidad.

Hay personas que por su propia naturaleza son pesimistas, pero también eso es un aprendizaje que se puede desaprender. Con el masaje metamórfico conectamos más activamente con esos estados de ánimo, y utilizando otras pautas de comportamiento, se puede ayudar a alguien con una visión pesimista y un estado de ánimo tendente a la depresión a ir cambiando su forma de entender la vida.

Tenemos un gran aliado que es nuestro cerebro creativo, él es capaz de trasladarnos a lugares maravillosos, de ahí la tremenda creatividad de algunos autores de novelas de ciencia ficción que nos muestran mundos creados por su mente y que sólo existen allí.

Es fundamental ser conscientes de nuestro propio estado de ánimo cuando comenzamos el día, ya que éste nos va a condicionar más que las emociones que despierten las distintas circunstancias a las que nos enfrentemos. No olvidemos que muchas veces distintos estados hormonales pueden ser responsables de bajones emocionales, como el tan traído y llevado síndrome premenstrual, he tenido clientas que me han comentado las dificultades que tienen para controlar sus enfados en esos días, y que por cualquier pequeña cosa saltan o están a la defensiva. Yo digo siempre que ahí tenemos una maravillosa excusa para sacar todo nuestro carácter que muchas veces intentan ahogar los que tenemos más cerca.

Hace unos meses estuve tratando a una clienta que vino a metamórfico tras haber superado un proceso de cáncer de mama y haberle descubierto nuevamente células cancerígenas en el tiroides. Estaba en tratamiento con quimioterapia, y se venía a consulta cada quince días, cuando se sentía un poco mejor después de que le pusieran el ciclo. En la primera sesión observé que la voz la tenía muy débil, después de la segunda empezó a ganar fuerza, y a partir de ahí comenzó a preguntarme, primero si era posible que esta terapia influyera en el aspecto emocional, le dije que por supuesto (vino a consulta sin saber muy bien lo que era el metamórfico, recomendada por su marido). En la cuarta sesión, me preguntó si el masaje metamórfico podía enseñar a decir “NO”. Por supuesto, le dije, tenemos que aprender a imponer nuestro criterio cuando consideremos que es así. Entonces me dijo que esa semana había discutido con todos en su casa porque por primera vez no había aceptado como siempre lo que los demás querían. Esas son algunas de las sorpresas que una técnica tan sencilla como la Metamórfica nos da de vez en cuando.

Otro factor importante para afrontar el día a día es la esperanza, cómo sentimos que las circunstancias adversas pueden cambiar. Para ello es importante que de vez en cuando algo nos salga bien, sino el trabajo de encarar el día con optimismo será más difícil.

Hace poco leía en una revista de Redes una Charla entre Eduardo Punset y Robert M. Sapolsky (profesor de neurología de la Universidad de Standford) me llamó mucho la atención sus investigaciones sobre cómo cuando deseamos mucho una cosa que sabemos que podemos conseguir, generamos mucha más dopamina que cuando la conseguimos realmente. El proceso de anticipación es más importante que la recompensa, siempre y cuando tengamos un mínimo de posibilidades de obtenerlo, que en los animales de laboratorio descubrieron que debía ser de un cincuenta por ciento.

Nuestra química cerebral es responsable de nuestros estados de ánimo, pero también nuestra capacidad de esperar, de ser optimistas y de no darnos por vencidos gobernará a nuestra química cerebral. No olvidemos que somos nosotros los que tomamos la decisión de cómo queremos vivir nuestra vida.

Cuando comenzamos nuestra andadura en el seno materno ya vamos heredando la química cerebral de nuestra madre y vamos aprendiendo con ella. Nuestra infancia es la siguiente clave para decidir cómo seremos, de ahí que cuando nuestros hijos tienen éxitos seamos los primeros en alegrarnos con ellos y resaltarlos, para que se refuerce su esperanza. Y cuando las cosas no les salgan bien animarles a seguir intentándolo, pues ya habrá una nueva oportunidad, sólo es cuestión de tiempo.