LAS EMOCIONES Y EL MASAJE METAMÓRFICO

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            Desde el punto de vista fisiológico se describe a las emociones como sensaciones subjetivas esenciales de la experiencia humana normal. Aunque sean tan diferentes como la felicidad, la sorpresa, el enojo, el miedo o la tristeza, tienen características comunes en todas ellas: se expresan tanto a través de cambios como de respuestas motoras automáticas e inconscientes sobre todo de los músculos faciales. La expresión de las emociones está ligada al sistema autónomo, implicando la actividad de algunos núcleos del tronco encefálico, el hipotálamo y la amígdala; también neuronas preganglionares de la médula espinal, los ganglios autónomos y los efectores periféricos. Los centros que coordinan las respuestas emocionales están vinculados con el sistema Límbico. A nivel cortical, el hemisferio cerebral derecho participa más en el control de las emociones que el izquierdo (“Invitación a la Neurociencia” del Departamento de Neurobiología Duke University Medical Center).

             En la evolución del cerebro, éste ha ido creciendo de abajo hacia arriba, siendo los centros inferiores los más primitivos y derivando de ellos los centros superiores.

            La región más primitiva del cerebro que compartimos con especies que sólo disponen de un sistema nervioso rudimentario es el “Tallo Encefálico”, que se halla en la parte superior de la médula espinal, se  encarga de regular las funciones vitales básicas: respiración, metabolismo, reacciones y movimientos automáticos. Principalmente mantiene en funcionamiento el cuerpo y asegura la supervivencia del individuo.

            Del tallo encefálico derivan los centros emocionales que evolucionaron dando lugar al cerebro pensante o “neocórtex”. El cerebro emocional es anterior al racional que derivará de él.

            La raíz más primitiva de la vida emocional radica en el olfato, concretamente en el bulbo olfatorio, que se encarga reanalizar y registrar los olores. El olfato es un órgano sensorial clave para la supervivencia de muchas especies animales, ya sea para encontrar alimento, descubrir una pareja, un depredador, una presa, etc. A partir de este lóbulo se desarrollaron los centros más antiguos de la vida emocional que terminarían cubriendo por completo la parte superior del tallo encefálico.

            Al aparecer los mamíferos en la evolución, también lo hacen nuevos estratos fundamentales en el cerebro emocional que rodean al tallo encefálico, dando origen al sistema “Límbico”. La evolución de este sistema dará lugar al aprendizaje y a la memoria que favorecerán una toma de decisiones más inteligente para la supervivencia. En este estado evolutivo, el cerebro es capaz de diferenciar olores, compararlos con otros del pasado y discriminar lo bueno de lo malo (tarea del rinencéfalo o cerebro nasal). Esta parte del cerebro constituye la base del neocórtex, región del cerebro que planifica, comprende lo que se siente y coordina los movimientos.

            El neocórtex es el asiento del pensamiento y de los centros que integran y procesan los datos registrados por los sentidos. También permite tener sentimientos sobre las ideas, el arte, los símbolos y las imágenes.

            Las estructuras límbicas generan sentimientos de placer y de deseo sexual, (emociones que alimentan la pasión sexual) pero el neocórtex conectado con el sistema límbico permite el desarrollo y establecimiento del vínculo entre la madre y el hijo, fundamento de la unidad familiar y del compromiso a largo plazo de criar a los hijos, lo que posibilita el desarrollo del ser humano.

            En los humanos el neocórtex tiene tal cantidad de conexiones neuronales que permite gran variedad en las respuestas posibles, aumentando la sutileza y complejidad de la vida emocional. Pero de hecho estos centros superiores no gobiernan la totalidad de la vida emocional, y en situaciones críticas, delegan su cometido en el sistema límbico.

            Por encima del tallo encefálico se sitúa la amígdala, estructura cerebral especializada en las emociones, y ligada a procesos de aprendizaje y memoria. Las investigaciones de LeDoux (neurocientífico de la Universidad de Nueva York) demuestran que la amígdala asume el control cuando el neocórtex aún no ha llegado a tomar ninguna decisión. La investigación revela la existencia de vías nerviosas para los sentimientos que eluden el neocórtex esto explicaría el poder de las emociones sobre la razón. Nuestras emociones tienen una mente propia cuyas conclusiones pueden ser incluso distintas de las de la mente racional.

A partir de esta exposición extraída del libro “Inteligencia Emocional” de Daniel Goleman, podemos intuir la importancia tan grande que tiene para nuestra salud el equilibrio emocional.

A través del masaje metamórfico, he observado que se puede llegar a reconducir el estado emocional de una persona, ayudándola a transformar la emoción negativa que la desequilibra en positiva y creadora.

El trabajo metamórfico creado por Robert St. Jones es capaz de potenciar las emociones positivas que nos desarrollan como personas y que en ocasiones se encuentran ocultas por emociones destructivas, principalmente el miedo.

Si el metamórfico trabaja sobre el período prenatal de la persona desde que es concebida, hasta su nacimiento, también actúa en la forma en que seremos capaces de concebir, desarrollar y dar a luz nuestras propias creaciones en la vida: proyectos de trabajo, de familia, de amistad, de vida en general.

El verdadero potencial del “ser” se sitúa en el momento anterior a ser concebido, la “preconcepción” donde lo que tenemos son dos gametos que aún no se han fusionado, uno masculino y otro femenino, en su individualidad. Con esta etapa se relacionan las dos glándulas más importantes de nuestro cerebro controladoras de los ritmos biológicos y los procesos endocrinos, la glándula pineal y la pituitaria o hipófisis. Al trabajar sobre ellas lo hacemos también sobre las estructuras asociadas: hipotálamo (controla la hipófisis), sistema límbico y dentro de él la amígdala, controladores de las emociones.

El siguiente punto: la “concepción”, se relaciona con el principio masculino de la persona y con el padre, en él se tratan la inseguridad, la debilidad o el autoritarismo, que provocan baja autoestima o todo lo contrario soberbia y prepotencia. Equilibrar esta zona ayuda a controlar mejor los proyectos que somas capaces de concebir.

El período de la postconcepción que abarca hasta la semana 18 de gestación, nos conecta  con emociones como la tristeza, la alegría, la preocupación, o la ira.

El siguiente período es la animación (hasta la 24 semana de gestación) en él aprendemos a relacionarnos con el entorno y con los demás. A partir de ahí comienza el prenacimiento que se relaciona con el principio de la madre y con nuestro lado femenino, nuestra capacidad de cuidar, amar, alimentar, etc. desarrolla nuestra creatividad y dar a luz nuestras creaciones, pero también en un  mal enfoque de esta etapa podemos desarrollar apegos que nos impiden avanzar hacia la siguiente etapa que será el nacimiento donde se manifiesta nuestra capacidad de cambio, y de dar a luz todos nuestros proyectos.  

El masaje metamórfico nos ayuda a tomar conciencia de nuestra identidad siendo capaces de estar por encima de las emociones que nos enferman encontrando el equilibrio.