La Transformación Metamórfica

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Comprender que nosotros somos los únicos responsables de nuestra propia existencia no siempre es un camino sencillo.

A lo largo de los años han sido muchas las personas que han venido a tratarse con la técnica Metamórfica para aprender a tomar las riendas de su vida.

Cuando nos acercamos a esta técnica de forma sencilla, sin grandes expectativas, con paciencia y amor para con nosotros mismos, podemos descubrir al gran maestro que todos llevamos en nuestro interior.

Romper con los patrones que traemos ya desde antes de ser concebidos, los que vamos adquiriendo en el vientre materno, y los que aprendemos desde el nacimiento; es una tarea que requiere esfuerzo. Pero cuando emprendemos el camino de la transformación, la técnica metamórfica es una más de las que pueden ayudarnos.

Cada zona del pie que se trabaja con esta técnica nos va mostrando un aspecto de la personalidad que puede estar bloqueado, incluso desde el momento de ser concebido, o por las circunstancias que nos ha tocado vivir.

La forma del pie nos cuenta cómo es la persona, las durezas y callosidades muestran las resistencias que tenemos y las cargas que soportamos. Los juanetes por ejemplo, hablan de una persona que en muchas ocasiones carga sobre sus hombros más de lo que puede soportar, o que no se compromete con su propia vida, viviendo más lo que quieren los demás que lo que ella quiere. En reflexoterapia podal el juanete nos indica un problema de escoliosis (desviación lateral de la columna vertebral), con mucha tensión muscular a la altura de las escápulas y hombros que, seguramente, cursa con dolor.

¿Por qué muchas personas operadas de juanetes tienen problemas a posteriori?: 1º porque cambia la pisada, lo que repercutirá en toda la columna vertebral, caderas y rodillas. 2º porque aunque se ha modificado el aspecto del pie, la parte emocional no cambia, y la actitud ante la vida se mantiene.

Nuestra huella del pie, dice mucho de cómo pisamos y afrontamos la vida. Cuando tenemos el arco correcto la pisada es equilibrada lo que indica una gran seguridad ante las situaciones de la vida que tengamos que afrontar. Si el arco es muy alzado es como si pasáramos por la vida de puntillas, proyectando muchas cosas que requerirán un gran esfuerzo para poder materializarlas. Si el arco está desplomado y el pie es plano, nos indica un gran apego a lo terrenal, a lo material.

El hombre es el único animal auto reflexivo, que piensa sobre sí mismo y tiene la capacidad de juzgarse a él y a los demás. Esto lleva en algunos casos al auto rechazo y a una autoestima más o menos alta, lo que nos puede conducir a la no aceptación de nosotros mismos restando libertad a nuestra capacidad de actuar.

Cuando empiezo a trabajar con el masaje metamórfico primero trato los pies, ellos nos mantienen en el camino, nos permiten cambiar no sólo de posición en el espacio, también de posición respecto a todo lo que nos rodea y de actitud frente a las situaciones que nos toca vivir a diario. Pero la capacidad de actuar nos la dan las manos, por lo que la trabajo en segundo lugar, podemos tener muy claro el deseo de cambiar y no tener fuerza para ello. Eso es la “Acción”, y la fuerza que la impulsa nace desde el centro de nuestro pecho, del chakra del corazón, cuya energía se expande hacia los brazos y las manos.

Lo último que trabajo es la cabeza, centro del pensamiento, él será quien dirija la acción y nos plantee la intención de cambiar como algo posible y real.

Siempre hemos oído, y, yo misma ha dicho alguna vez, que las personas no cambian. Pero la vida, y el trabajo con esta técnica me han demostrado que ese cambio puede llegar, sólo hay que decidirse a él y ayudar a la persona en su proceso.

Hoy en día tenemos muchas herramientas a nuestro alcance para ayudarnos a romper viejos patrones, Psicoterapias, Constelaciones Familiares, Terapia Floral, Metamórfico, etc. En todas ellas se busca la conexión de la persona con su propio “Ser”, al igual que en la meditación, es desoír el ruido de todo lo externo que nos influye para ser capaces de escucharnos a nosotros mismos.

Cuando recibimos masaje metamórfico vamos entrando en contacto con nuestra sabiduría interior, la única capaz de guiarnos hacia lo que verdaderamente queremos que sea nuestra “Vida”. Incluso como terapeutas vamos descubriendo también nuestra propia “Luz” y el sentido de nuestro trabajo.

A lo largo de los años que he utilizado esta técnica en distintos tratamientos, he visto el cambio en las personas y en mí misma como terapeuta, aprendiendo algo nuevo en cada trabajo. Los cursos también me han enseñado algo diferente cada vez, ya que dependiendo del grupo que se forme, la energía que mueve es distinta, y, al ser muy reducido (un máximo de diez alumnos), nos permite una comunicación abierta y dinámica que nos enriquece a todos, ya que cada uno puede expresar lo que siente. Enseñar masaje metamórfico no significa ejercer sólo como profesor que explica una técnica y enseña el modo de aplicarla. También me proyecto como alumna que aprende y conoce a las personas que llegan al curso, escuchándolas.

Robert St. John nos dejó un legado maravilloso para conectar de una forma sencilla con lo más profundo de la persona. Diseñada en principio para trabajar con disminuidos psíquicos, tuve la oportunidad de tratar a varios durante un tiempo en la Fundación A.N.D.E. para personas discapacitadas. Allí descubrí la comunicación tan fuerte que se puede establecer incluso con alguien de quien podemos pensar que no se da cuenta y, sin embargo, puede comunicarnos más a través de una mirada o un gesto que con palabras. Descubrí personas maravillosas capaces de dar mucho amor de la forma más abierta e incondicional que podamos imaginar. Comunicarnos a través del masaje metamórfico fue una de las experiencias que más me ha marcado en la vida.

En casos especiales me han llamado madres con niños que han nacido con algún tipo de problema, o que sufren de miedos nocturnos; les he enseñado directamente a tratar a su hijo, ya que en niños muy pequeños la conexión con la madre es todavía muy grande y, si es ella la que le da el masaje, se crea un vínculo muy especial entre ambos que ayudará a los dos en el proceso metamórfico.

La vida es la verdadera sanadora, los terapeutas somos sólo instrumentos, por eso cuando alguien llega a mi centro para tratarse pongo a su disposición mi mejor forma de “Hacer”, la “acción” a través de mis manos, pero la persona será la que verdaderamente tendrá que encontrar su camino.

Allí donde se sitúan nuestros pies es donde empieza el camino.

Firmado: Carmen Benito.