El vínculo materno tratado con Masaje Metamórfico.

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 Una parte importante de quienes y cómo somos viene marcada desde el momento de la concepción y en los nueve meses de gestación.

Al principio somos todo un potencial, aún no se han unido el óvulo y el espermatozoide que nos van a configurar, las posibilidades son muchas; en esta etapa estaríamos dibujando los planos de nuestra existencia.

En el momento de la concepción empezamos a desarrollar los planos, pasando de una idea a algo físico y tangible, a partir de aquí colocamos los cimientos de nuestro Ser, todo lo que suceda durante los nueve meses de gestación nos va a influir marcándonos física, mental y emocionalmente.

A partir del nacimiento y dependiendo de cómo sean los cimientos comenzaremos a desarrollar toda nuestra estructura.

Desde el momento en que la mujer queda embarazada, comienzan a formarse en su organismo las hormonas encaminadas a acoger, mantener y permitir que se desarrolle el futuro ser.

Hoy en día los investigadores creen que algo semejante a la conciencia existe ya desde los primeros momentos de la concepción; es más, el vínculo intrauterino, se desarrolla prácticamente desde ese momento. Si nos fijamos bien, la primera célula que somos en el momento de la concepción alberga toda la memoria de muchas generaciones, llevando impresa la conciencia de nuestra propia especie, sólo necesita desarrollarse en un ambiente óptimo. Ese ambiente se lo va a proporcionar el vientre materno.

Muchas de las circunstancias a las que nos enfrentamos a lo largo de la vida van a generar en nosotros reacciones emocionales que vienen ya determinadas por nuestro aprendizaje en los nueve meses de gestación, por tanto es importante que el vínculo que se establezca con la madre desde el primer momento sea sólido, para que sepamos desenvolvernos con seguridad.

Una vez que el niño nace el vínculo debe seguir desarrollándose para que crezca en un ambiente emocional sano.

La terapia prenatal propuesta por Robert St. John, conocida como Masaje Metamórfico, ayuda entre otras muchas cosas a recuperar ese vínculo que a veces parece perdido.

En su técnica propone que los nueve meses de gestación se ven reflejados en la parte del pie donde también se localizan en reflexoterapia la cabeza y la columna vertebral. Cuando el terapeuta trabaja sobre ellos, ayuda a la persona a conectar con ese período, permitiéndole desbloquear el momento en que su desarrollo quedó detenido por diferentes circunstancias que viviera la madre durante el embarazo. Un trauma emocional fuerte de ésta durante la gestación puede provocar una ruptura del vínculo, lo que conlleva que el niño intrauterino se sienta perdido, ya que aún no está preparado para filtrar las emociones.

En mi consulta trato a muchas mujeres embarazadas, hablamos sobre sus sentimientos, cómo viven su embarazo, los problemas de estrés, el miedo o inseguridad a la hora de enfrentarse al momento del parto.

Se sabe desde hace años que determinadas patologías depresivas se gestan ya durante el desarrollo embrionario, si durante este delicado período de nuestra formación la madre se deprime o no desea continuar con su embarazo, y este sentimiento persiste hasta el nacimiento, se rompe el vínculo afectivo que después va a ayudar al recién nacido a conectar con la madre no sólo en la lactancia sino también en otros momentos de la vida como la adolescencia, generando muchos conflictos entre ambos.

En los años que llevo utilizando la técnica metamórfica he tenido muchos casos en los que la persona que viene a tratamiento va poco a poco comprendiendo lo que sucedió para que tomara determinadas actitudes en su vida.

Esto no es responsabilizar a las madres de los conflictos que después sufren con los hijos, al contrario, nos ayuda a entender y, a través de esa comprensión, conseguir transformar las reacciones de forma que seamos capaces de tomar las riendas de nuestra vida libres de condicionamientos. Sanando los cimientos podemos corregir la estructura.

En mis cursos cuento los casos de dos jóvenes de veinte años cuyas madres me pidieron que les tratara debido a los problemas que tenían con ellos por su continua rebeldía; sentían que estaban desperdiciando sus vidas por abandonar los estudios, ya que eran lo suficientemente inteligentes para terminarlos. Curiosamente, ambas me pidieron que los chicos no supieran que les iba a hacer Masaje Metamórfico. En ambos casos les dije que su hijo debía saber en todo momento en que se estaba metiendo pues al principio del tratamiento puede alterarse emocionalmente y sentirse desconcertado.

Al primero que vino a consulta comencé haciéndole reflexoterapia podal, con la excusa de ayudarle físicamente ya que tenían que intervenirle una fístula. A medida que hacía las sesiones le fui hablando de la técnica metamórfica y él mismo me dijo en una sesión que ese era el tratamiento que necesitaba, porque se sentía muy perdido. De esta manera entramos en el metamórfico. Tras algunas sesiones llegó el verano, le operaron la fístula y ya no supe de él hasta un par de años después que su madre volvió a llamarme y me comentó que por fin había terminado sus estudios, había hecho formación profesional especializándose en serigrafía y, se sentía estupendamente. Ella decidió aprender metamórfico.

Unos meses después por su 23 cumpleaños el chico volvió a hacerse un tratamiento y estuvimos hablando, el sentía que la técnica le había ayudado a conectar consigo mismo y saber lo que realmente quería hacer con su vida.

El otro caso fue ligeramente distinto, porque no quería que le tocara los pies. Empezó a venir a masaje de espalda porque tenía muchas tensiones. Le hablé de la técnica metamórfica y como nos ayuda a conectar con nosotros mismos, y que se podía hacer directamente en columna vertebral a través del Masaje Celular, técnica que desarrollamos Miguel Ángel Alfonso y yo en nuestra etapa de voluntarios en la Fundación ANDE para personas discapacitadas psíquicas, practicando con los chicos la técnica y haciéndola directamente en la espalda y cabeza a aquellos que no nos permitían trabajar en sus pies.

Accedió a ello, y en muy pocas sesiones dio un cambio importante a su vida, se centró en sus estudios y los terminó, sacándose al tiempo el carné de conducir.

Su madre vino a tratarse con Metamórfico unos meses después, y me contó su historia:

Cuando ella estaba de siete meses de gestación falleció su padre al que estaba muy unida. Su dolor emocional fue tan grande que no lo pudo superar por lo que nada más dar a luz contrajo una bronquitis que degeneró hasta el punto de tener que ser ingresada durante 5 meses en un hospital. En ese período de tiempo prácticamente no vio a su hijo. Cuando por fin se recuperó y comenzó a estar con él el vínculo afectivo de ambos ya había sufrido una ruptura importante. La estuve tratando sobre todo porque de vez en cuando volvía a resentirse de los bronquios, descubrió porque la relación con su hijo se hacía muchas veces difícil y la rebeldía que él mostraba ante lo que su madre le aconsejaba que hiciera.

El metamórfico ya sea en los pies, en el caso de la madre, como en la espalda, en el caso del hijo les ayudó a entenderse mejor.

Desde hace muchos años se sabe que existen conexiones a través del sistema nervioso “autónomo simpático” entre la madre y el niño, y también que emociones como el miedo y la ansiedad de la madre durante la gestación le van a afectar. Pero también se ha comprobado lo positivo que es el deseo de tener ese hijo y el amor que se muestre hacia él desde el primer momento. De ahí el éxito de casos bastante complicados de reproducción asistida que llegan felizmente a término.

Hace dos años tuve la oportunidad de conocer y tratar a una madre que se vio en esa situación y que antes de quedarse embarazada por esta técnica estuvo viniendo a alguna sesión de Metamórfico para estar lo más relajada posible antes de la implantación del óvulo fecundado. Su caso además era muy especial, ya que por edad no le podían poner tratamiento para extraerle un óvulo propio, por lo que éste era de donante, y para reimplantárselo la tuvieron que poder en ciclo con la otra mujer. Tampoco tenía pareja en ese momento por lo que recurrió a un banco de esperma. Aunque parezca complicado, consiguió quedarse embarazada, llegar a término y que su hijo naciera totalmente sano. Su amor y deseo de ser madre salvaron todas las dificultades. Ahora tiene trece meses y es un niño feliz, su madre va a aprender a hacerle metamórfico para seguir conectando con él cada día más.

Hoy son muchos los niños que nacen gracias a la reproducción asistida, creo que el amor que se pone en ello es capaz de superar pruebas tan difíciles como esa y permitir que la vida se abra camino.

Otro caso también maravilloso de recuperación del vínculo con metamórfico fue el que me contó una de mis alumnas de técnica metamórfica, que vino al curso para poder tratar a su hija de cuatro años. La había adoptado con seis meses de edad, y desde el primer momento la niña la rechazó mucho y apenas quería nada con ella, era más fácil establecer vínculo con el padre que con ella porque la identificaba con la madre que la había rechazado y abandonado. Cuando la niña cumplió tres años supo de la técnica metamórfica y la empezó a llevar a tratamiento, ahora la conexión con su madre adoptiva es cada vez mayor, ya no siempre busca al padre y a veces le dice que prefiere a mamá según lo que quiera. Tanto le impactó ver lo que el metamórfico las estaba ayudando que decidió aprenderlo. Su amor hacia la niña la ayudó a buscar caminos para tratar de sanar la historia de abandono que traía su hija consigo.

Aunque en este artículo hablamos del vínculo materno, no hay que olvidar la importancia que tiene también el paterno, la persona tiene que establecer siempre un equilibrio entre su lado masculino y su lado femenino, ya que cada uno le aporta características que son necesarias para hacerla más completa.