El Principio de Correspondencia en la técnica Metamórfica

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 La conexión entre nosotros y todo lo que nos rodea es algo que no podemos ignorar, por eso cuando los terapeutas contemplamos a la persona que llega a tratamiento, no reparamos sólo en lo que nos cuenta que le sucede o los síntomas que tiene, sino que le abordamos como una unidad, no sólo físicamente sino también desde el aspecto mental (su forma de pensar) como emocional. En el trabajo con la Técnica Metamórfica damos dimensión a esto relacionando los diferentes tejidos del cuerpo con los aspectos que nos conforman.

Dice el Principio de Correspondencia, uno de los siete principios que rigen las leyes universales: “como arriba es abajo, como abajo es arriba”, o “el todo está en cada parte y cada parte está en el todo”. Según esto, para comprender cada vez más qué es lo que le sucede a la persona cuando se desquilibra y enferma, tenemos que contemplarla en su totalidad y en su universo, pues lo que vive y donde vive serán parte de ella misma.

Cada tipo de tejido se va a corresponder con uno de los tres aspectos.

Los tejidos duros: que son nuestros huesos se corresponden con la estructura, con nuestra parte física; la energía, el poder y la fuerza con la que venimos a la vida. También con el espíritu como energía vital que anima al hombre.

En medicina tradicional china los huesos se forman en el elemento agua cuyos meridianos son riñón y vejiga. La persona es engendrada en el agua y llega a la vida desde el agua; el meridiano de riñón almacena la esencia congénita, la que trae el hombre, la energía heredada. El valor que rige el riñón es la responsabilidad.

Las primeras células que van a comenzar el desarrollo del embrión una vez que éste queda anclado al útero son las que formarán la notocorda (futura columna vertebral y médula espinal). La columna vertebral es el centro del esquema prenatal.

Robert St Jonh creador de la “Técnica Metamórfica” comenta: “nuestros huesos retratan el esquema primitivo del que partió nuestra vida en la concepción, conteniendo los rasgos heredados, los esquemas Kármicos y todos los demás factores impuestos o atraídos por la nueva vida”.

Pero para que podamos mover esa energía con la que venimos necesitamos de otra estructura: los tejidos blandos.

Tejidos blandos: son los que recubren los huesos para permitirles el movimiento: la piel, la carne, los órganos, los nervios y los músculos. La piel proporciona protección del medio externo, los músculos, tendones y ligamentos dan movimiento fuerza y flexibilidad a los huesos. Los órganos mantendrán todas las funciones corporales.

Están relacionados con el aspecto mental, y son expresión del continuo movimiento de transformación que se desarrolla en nuestro interior.

En nuestros tejidos quedan almacenados los traumas y las experiencias más profundas. Según estén nuestros tejidos estará estructurado nuestro cuerpo. Una espalda recta y un caminar erguido es de personas que afrontan la vida de forma confiada, los que caminan con la espalda corvada y los hombros caídos llevan cargas psicológicas a cuestas.

En medicina tradicional china, los meridianos que controlan los músculos y tendones son el de hígado y vesícula biliar, que forman el reino de la Madera. El valor que rige la energía del hígado es la generosidad, y esa generosidad sólo está limitada por el cielo, si el hombre no deja expandir esa generosidad, su energía se va a estancar, estancando desde su creatividad hasta su decisión, esto hará que la persona se vuelva más miedosa, irascible, colérica, dudosa y con mayor agresividad. Otra característica del hígado es la flexibilidad. La vesícula biliar es la directora de la creatividad.

Si el reino del Agua era la esencia de la persona, el reino de la madera permite la expansión de la esencia.

Pero si los tejidos blandos son los que dan movimiento a los duros, los que dan la dirección a todos ellos son los fluidos.

Los fluidos: están en nuestro interior, son: la sangre, la linfa, y el agua, en continuo movimiento para aportar oxígeno y nutrientes a todo el organismo; por tanto afectarán a nuestra salud directamente. Se corresponden con el aspecto emocional. La forma suprema de la emoción es el éxtasis, capacidad del hombre de trascender a sus limitaciones racionales.

Quien bombea principalmente la sangre empujando también a los demás fluidos es el corazón. En medicina tradicional china el corazón pertenece al reino del Fuego. Todo lo que ocurra dentro del organismo va a depender del equilibrio del corazón. Si algo nos afecta psíquica o emocionalmente, repercutirá sobre la dinámica del corazón. Para la medicina tradicional china en el corazón está la primera residencia del espíritu. El valor que rige el corazón será el amor incondicional.

Esta es una parte del principio de correspondencias en la Técnica Metamórfica, la otra se corresponde con los tres centros de actividad o de expresión de lo que nos sucede y de cómo nos relacionamos con lo que nos rodea. Estos centros que marcan la forma que tenemos de movernos por la vida y de interactuar con ella son:

El centro del movimiento: que va desde los pies a las piernas y la pelvis. Está principalmente representado por los pies, de ahí que sean los primeros que trabajamos en la Técnica Metamórfica. Los pies nos dan la capacidad de cambiar, de movernos, de transformarnos.

El centro de la acción: que se sitúa en la parte superior del cuerpo, desde columna vertebral hacia los hombros, los brazos y las manos está representado por las manos, las segundas que tratamos en metamórfico, éstas nos dan la capacidad de actuar, de ejecutar y de dar, comprendiendo lo que estamos haciendo con nuestra vida y cómo la empleamos.

El centro del pensamiento: que es la cabeza, la que planificará y dirigirá nuestras acciones en ella concluimos el masaje. A través del cerebro y de los órganos de los sentidos percibimos el exterior y gracias al pensamiento creamos la mejor manera de interactuar con él.

Cuando hacemos Masaje Metamórfico trabajaremos los pies, las manos y la cabeza, ya que los primeros representan lo que quiero, las segundas lo que siento y, la tercera, lo que pienso. Si conseguimos que esas tres partes de nosotros estén en armonía es como conectaremos con el conocimiento de nuestro camino y de nosotros mismos, y gracias al Principio de Correspondencia que opera en nosotros ese conocimiento de nuestro yo, como ser individual, nos permitirá el conocimiento de nuestra trascendencia en lo universal.