EL PIE, RAIZ QUE NOS CONECTA CON LA TIERRA

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         Cuando el bebé decide levantarse y caminar erguido, comienza a conectar su energía con la de la tierra a través de sus pies.

         El primer chakra (Muladhara o chakra base), que se localiza en el perineo entre el ano y los genitales,  y se corresponde con el cóccix y con el ganglio espinal coccígeo, puede cargar y descargar energía a tierra gracias a su conexión con los chakras de los pies. Este centro tiene la energía más densa, la que conecta con lo más sólido: el cuerpo, la salud, la supervivencia. Se corresponde con el color rojo, que tiene la longitud de onda más larga y la frecuencia de vibración más baja dentro del espectro de la luz.

         El nervio que parte de este primer chakra y va hacia abajo hasta llegar a los pies, es el nervio ciático, el más largo del cuerpo y con el grosor de nuestro dedo pulgar. Es el responsable de la locomoción. A través de él se conecta el sistema nervioso con la tierra.

         La energía del primer chakra es muy fuerte, ya que desde él sube la energía Kundalini a través de la columna hasta llegar a los centros de la cabeza, intercambiando energía con ellos en su recorrido. De su fuerza vital dependerá la supervivencia.

         Cuando comenzamos nuestra andadura en la vida y asentamos nuestros pies sobre la tierra, es cuando fijamos el fundamento de nuestra existencia. De ahí la importancia de nuestra pisada. Según apoyemos el pie al caminar, así será el aporte de dinamismo y energía hacia ese primer chakra, manteniendo en equilibrio el flujo de entrada y de salida de la misma.

         El pie del bebé es un pie blandito, flexible que todavía no se ha conformado, pero a medida que vamos creciendo su aspecto cambia apareciendo incluso durezas, deformaciones como los juanetes, agarrotamiento de los dedos por acortamiento de los tendones, etc. Todo ello es la impronta de lo que vamos viviendo y de los patrones que aprendemos.

         En las personas con el pie plano, en las que el arco se desploma sobre la tierra, se producirá un desequilibrio en del primer chakra, densificándolo más, provocando que la parte espiritual y la material no sean equitativas, derivando hacia esta última, lo que dará lugar a una persona más materialista.

         En el otro lado tenemos el arco muy alzado, el pie que pasa de puntillas por la vida. La persona estará en el lado contrario, desarrollando muchos proyectos en su cabeza pero sin capacidad para realizarlos, o viviendo sólo en el lado espiritual, desconectada de la tierra.

         En ambos casos la raíz es la respuesta, el árbol que arraiga correctamente crecerá mejor alimentado y más sano. Por tanto es bueno ayudar a  corregir la pisada.

         Cuando el arco es correcto la persona se siente más segura, ya que sus raíces son buenas, y aunque en la vida se enfrente a dificultades, sabrá salir airosa. 

         Aunque el primer chakra puede pueda parecer la parte más densa y limitada de nuestro cuerpo, de él parte la energía que va elevándose y sustentándonos, si no aprendemos a cuidar de nosotros mismos, a luchar, a salir adelante, o nos quedamos sólo en lo espiritual, queriendo alcanzar experiencias místicas, perderemos el contacto con la raíz y con la tierra, con el aquí y el ahora, con el presente que es lo que realmente vivimos.

         Nuestro cuerpo es nuestro templo, el vehículo que nos transporta por la vida, a través de él tomamos contacto con todo lo que nos rodea, recibimos y damos, de ahí la importancia de cuidarlo.

         El estrés de la vida cotidiana nos impide en muchos casos tomar conciencia del estado de nuestro cuerpo, hasta que a través de diferentes síntomas nos pasa información de su desequilibrio. Una buena forma de descargar la tensión es caminar descalzo por la hierba, o la arena de la playa, conectando nuestros canales con la energía de la tierra, permitiendo que se renueve nuestro campo electromagnético.

         En la planta del pie, por debajo de la almohadilla, se localizan los chakras más pequeños por donde se libera y recoge la energía de la tierra. En esa misma zona se localiza el primer punto del meridiano de riñón, que controla la sustancia basal del cuerpo, según sea ésta de fuerte, así será la salud de la persona, ya que este meridiano de acupuntura controla la fuerza con la que venimos a la vida.  

         En el pie también se localizan otros meridianos: Vejiga, que se socia con el de riñón perteneciendo ambos al elemento agua. Hígado y vesícula biliar que pertenecen al elemento madera, y bazo-páncreas y estómago que pertenecen al elemento tierra.

         Es curioso que las emociones que según la medicina tradicional china se controlan desde estos elementos sean: Por el elemento agua el miedo (el pánico en su extremo desequilibrado), por la madera la ira (la cólera incontrolable si hay desequilibrio), y por la tierra la preocupación (la obsesión en su extremo).

         El pie aporta muchos conocimientos de cómo es la persona en su aspecto psicológico y de cómo se encuentra emocional y físicamente.

         Hay varias formas de trabajo sobre los pies: el masaje, que le aporta al pie equilibrio, fuerza, cuando se ha sufrido de esguinces ayuda a recuperar la estabilidad. La reflexoterapia podal, que a través de las zonas reflejas del cuerpo en el pie nos permite reequilibrarnos para recuperar la salud. Y, la técnica metamórfica que trabaja sobre los nueve meses de gestación de la persona cimiento de todas nuestras estructuras físicas mentales y emocionales. Esta última nos permite llegar hasta lo más profundo conectándonos con nosotros mismos y permitiendo que aflore todo nuestro potencial.

         Llevo muchos años trabajando con diferentes terapias manuales, pero siempre acabo volviendo a los pies porque tienen la gran capacidad de la transformación. Cuando trabajo con ellos llego al cuerpo sin necesidad de intervenir en él directamente. Esto último en algunos casos puede ser fundamental, ya que una persona se puede encontrar en una situación que no pueda ser tratada nada más que de forma indirecta por ejemplo si está hospitalizada, o si se encuentra con tal dolor que no se la puede masajear,  como en una ciática muy aguda. Los pies nos permitirán llegar a ella forma indirecta pero sumamente efectiva.

         El pie es nuestra raíz, nuestra base debemos aprender a cuidarlos para cuidar de nosotros mismos.