EL MASAJE METAMÓRFICO Y LAS EMOCIONES QUE NOS SANAN

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            Al igual que un estado emocional alterado nos puede conducir a la enfermedad, uno equilibrado nos puede sacar de ella.

            Las alteraciones más comunes en nuestros estados de ánimo están motivadas por el miedo. Definido como una perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o mal real o imaginario, quién no se ha visto en alguna ocasión paralizado por el miedo. Determinados estados emocionales  dificultan incluso la realización de nuestras actividades cotidianas llegando a olvidar las cosas que hacemos a diario de una manera automática sintiendo un gran vacío en nuestra mente y una falta total de concentración.

            Cuando las emociones provocan este efecto, la región cerebral encargada de estas funciones que se ve alterada será el córtex  prefrontal, donde se entrecruzan los sentimientos y las emociones, dificultando nuestra capacidad de pensar con claridad.

            Pero, qué sucede si somos capaces de cambiar nuestra visión de la situación. Lo que esperamos de la vida muchas veces no coincide con la realidad, lo que nos crea un estado de ansiedad y depresión que hace que nos enfrentemos aún peor a la misma. Pero hay una emoción capaz de romper con todo ello, la esperanza, que nos ayuda a creer en nosotros mismos y en nuestra capacidad para llevar a cabo todos nuestros objetivos, saliendo de situaciones difíciles, resolviendo los problemas.

            Una persona con esperanza es capaz de motivarse a ella misma para encontrar la forma de alcanzar sus objetivos, no se rendirá ante la ansiedad o la depresión.

            Acompañando a la esperanza está el optimismo, nuestra capacidad positiva de enfrentarnos a la vida sabiendo que un fracaso no es definitivo y que podemos cambiar las cosas y volver a intentarlo.

El optimismo o pesimismo es una actitud ante la vida, que puede ser innata, o adquirida a través de múltiples experiencias ya sean buenas, o traumáticas. El optimista sabe que tiene en sus manos las riendas de su vida, pudiendo modificarla según sus expectativas. El pesimista o bien se echará la culpa de sus fracasos o los atribuirá a algo que no puede controlar, rindiéndose ante los problemas y considerando que no puede hacer nada para cambiarlos.

            El optimismo y la esperanza pueden aprenderse, son actitudes que pueden aumentar en nosotros a través de un mayor conocimiento de uno mismo y de lo que queremos en nuestra vida, y eso es algo que podemos conseguir a cualquier edad.

            Esto me lo demostró una persona maravillosa de 83 años. El año pasado por su cumpleaños acudió por primera vez a un masaje metamórfico, no había recibido ninguno en su vida y tampoco sabía muy bien de que se trataba, pero sí sabía que era bueno hacérselo el día de su cumpleaños ya que supone un cambio a un año diferente en nosotros. Cuando terminamos me dio las gracias y me comentó que se había sentido muy cuidada durante el mismo, y que quería seguir haciéndose uno al mes. En la siguiente sesión me comentó que sabía lo que no quería en su vida, y si era posible que el masaje metamórfico le hubiera ayudado para ello. Yo le dije que sí, que nos conecta con nosotros mismos y con nuestro conocimiento interior. Pero lo mejor estaba por llegar, cuando terminamos la tercera sesión, un mes después, me dijo que por fin sabía que era lo que quería en su vida. “Nunca es tarde si la dicha es buena”. Aún con 83 años seguimos en el camino de conocernos a nosotros mismos.

            Cuando tomamos conciencia de nosotros mismos será más difícil que determinadas emociones nos arrastren, controlando mucho mejor las situaciones.

             He comentado que existe un temperamento innato, que adquirimos durante nuestro período prenatal, o que heredamos con nuestros genes. También ahí puede ayudarnos el masaje metamórfico, ya que precisamente conecta con esos nueve meses de gestación y ayuda a desbloquear las emociones negativas.

            En el trabajo metamórfico tratamos pies, manos y cabeza; La cabeza nos ayuda a ver y dirigirnos hacia lo que queremos, las manos a actuar y los pies iniciarán el proceso de cambio, por eso invierto más tiempo en ellos.

            Cuando comenzamos un tratamiento ya sólo con las  expectativas que ponemos en él se activan los mecanismos neurovegetativos de regulación que tiene nuestro cuerpo, si a eso le añadimos un trabajo responsable por parte del terapeuta podremos conseguir que, ese echar a andar, se vaya transformando en todo un proceso de cambio. Cada persona tiene que entender que es ella misma la que posee la capacidad de conseguir sus objetivos, descubriendo qué es lo que verdaderamente la perturba y conociendo mejor sus propias habilidades.

            La esperanza, base de la actitud optimista, es la emoción más saludable, capaz de dirigirnos hacia todo lo que deseemos conseguir creando una nueva realidad, la nuestra.