El desapego a través de la Técnica Metamórfica.

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Un amor mal entendido con apego y posesión puede causar dolor no sólo a nosotros sino también a los demás. El apego por poseer más allá incluso de lo que podemos disfrutar es el origen de muchos de nuestros conflictos.
Cuando entramos en meditación y conectamos con el ser interior nos damos cuenta de que todo es superfluo, sólo el amor puro cuenta a la hora de sentir qué es lo que realmente nos hace elevarnos como personas.
A lo largo de los años que llevo trabajando con la técnica metamórfica han sido muchas las personas que han venido a tratamiento buscando la solución a los conflictos familiares que arrastran desde hace tiempo.
Este último año he observado que cada vez me demandan más el masaje metamórfico tratando de encontrar respuesta a situaciones emocionales que no se han resuelto y que se ven agravadas por el momento de crisis que vivimos. Si lo analizamos bien todo está relacionado, la crisis externa con nuestra crisis interna de valores: ¿qué estamos anteponiendo a lo que realmente es importante en la vida?
En el fondo todos queremos encontrar la felicidad, llenarnos de ella, olvidando que para llenar nuestra vida primero tendremos que vaciarla de lo que ya no nos sirve. Pero tenemos miedo a soltar, a perder el control sobre un “no sé muy bien qué”. Olvidando que lo esencial está dentro de nosotros mismos.
Hace poco estuve tratando a una persona que tras un divorcio y una relación posterior no muy satisfactoria, pese a que su nuevo compañero era muy bueno con ella, seguía encontrando un gran vacío en su interior. Después de haber hecho trabajo psicológico durante varios años, y haber pasado por una depresión que ya tenía superada, no sabía lo que pasaba con su vida, sentía que le faltaba alguien que no había venido con ella, que no se había encarnado en este momento de su historia.
Tras la primera sesión me comentó que se había encontrado mejor, más tranquila y así continuamos el trabajo, después de la segunda el efecto había sido muy diferente; se había pasado la semana muy enfadada y enfrentándose a las personas de su entorno.
Durante las sesiones a veces siento la necesidad de transmitir un mensaje a la persona que trato, aunque solo lo hago si considero que le puede ser esclarecedor, así que le dije que efectivamente había un gran vacío, el de ella misma, que no había aprendido aún a estar a solas con ella, a sentirse y a no necesitar llenar con otros afectos ese espacio interior. Que tenía que soltar ese apego hacia una pareja que le llenara la vida, que sólo siendo una persona completa podría encontrar todo lo que necesitaba para ser feliz, así, si la vida le presentaba otra pareja la podría acoger de otra forma y no se sentiría defraudada ante las expectativas.
Aprender a estar con uno mismo es un ejercicio de amor profundo, desde ahí podemos aprender a estar con los demás respetando su forma de ser, acogiéndolos sin juzgar, como cuando un niño encuentra a otro en el parque y se pone a jugar con él. Sólo son dos niños disfrutando el momento.
Cuando volvió a la siguiente sesión me comentó que se sentía muchísimo mejor, que de hecho había dejado su relación definitivamente y que prefería por fin estar sola para saber qué era lo que necesitaba. Sin apegos.
No obstante el pie siguió revelando los bloqueos: en la siguiente sesión percibí durante el trabajo, que había tenido muchos conflictos con su madre. Me contó que efectivamente, desde niña había creído que su madre la había abandonado tras el nacimiento de su hermana, cuando lo que su madre hacía al cuidar de la pequeña era de lo más habitual cuando se tienen dos hijos, sin embargo ella se sintió totalmente apartada. Era un mal apego el que tenía hacia su madre y su forma de interpretarlo fue el de una niña que aun no entiende lo que sucede ya que sólo tenía quince meses cuando nació la hermana. Todo eso repercutió en la etapa de la adolescencia en forma de continuas rebeldías. Le había llevado mucho trabajo interior darse cuenta de que no tenía razón para interpretarlo así.
Antes de irnos de vacaciones vino al último tratamiento, me comentó que había estado a punto de no asistir. Le habían dado la noticia de que su madre tenía un cáncer de colon y que debían operarla lo antes posible. Pero un compañero suyo de trabajo que es psiquiatra, le dijo que no lo dejara, que él la acercaba en el coche hasta mi consulta pero que viniera. Le pregunté si su amigo sabía lo que era la Técnica Metamórfica y me dijo que sí. Me sorprendió bastante, pero me contó que es una persona muy abierta a los tratamientos que no sean sólo farmacológicos.
Le hice su sesión y se fue mucho más tranquila, preparada para vivir la nueva etapa que tendría que pasar con su madre, sintiendo que todo se había ido colocando poco a poco en su vida, como las piezas de un puzzle que se van encajando.
Una de las causas de la infelicidad reside en pensar que sólo poseyendo cosas o personas se puede ser feliz, realmente sólo el amor y la liberación de ataduras nos puede llevar al encuentro de nosotros mismos, son muchas las personas que he visto cambiar esa forma apegada de entender su relación con los demás gracias al trabajo con la Técnica Metamórfica.
Los apegos están relacionados con lo que llamamos zona de la madre en la técnica metamórfica, y van de la mano de problemas en la última etapa del desarrollo embrionario o en el momento del nacimiento.
Una de mis clientas y amiga me trajo antes del verano un hermoso libro que por fin había conseguido que viera la luz, es un cuento tradicional afgano que ha editado la editorial Sufi, y que ella y su hijo han ilustrado maravillosamente. Se llama “El Caballo Mágico”, es la historia de un joven príncipe y un caballo de madera mágico capaz de volar por todo el reino y llevarle allí donde está el deseo de su corazón, cuenta todas las vicisitudes y aventuras que tiene el joven príncipe hasta descubrir donde está y cual es el deseo de su corazón. Dice el libro al final que la historia dio origen a un extraño dicho:
“Aquellos que desean peces, pueden lograr mucho por medio de los peces y aquellos que no conocen el deseo de su corazón deberán escuchar primero la historia del caballo de madera”.
El saber donde reside el deseo de nuestro corazón es el paso decisivo, olvidarnos de nuestro ego que se apega a todo y a todos queriendo poseer, y dejarnos la libertad de elegir ser felices compartiendo, ya que el verdadero amor sólo es posible cuando se comparte.
Mientras escribía este artículo volví a llamar a mi clienta para saber como estaba su madre y me dio la buena noticia de que la operación había ido mucho mejor de lo que esperaban, que no necesitaba que la pusieran bolsa porque sólo habían quitado un tramo de intestino y que no le darían ni quimioterapia ni radioterapia.
Me alegré mucho por ella, y ella de que la hubiera llamado pues quería decirme que seguía sintiéndose muy bien y que le recomendaba a todo el mundo que se hiciera Masaje Metamórfico.

Firmado: Carmen Benito.