CUANDO EL TERAPEUTA SIENTE SUS PROPIAS TERAPIAS.

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Todos sabemos la importancia que tiene que el cuidador se cuide. Se lo recomendamos a muchas personas que vienen a nuestra consulta y nos comentan como tienen que cuidar de sus padres, cónyuges o hijos enfermos y cómo esto ha desequilibrado su salud tanto física como emocionalmente.
Somos buenos consejeros de lo que los demás deben hacer, pero y nosotros, ¿seguimos nuestros propios consejos?
Nuestra labor como terapeutas es importante, no sólo para las personas que vienen a consulta, sino a nivel social. Cubrimos un espacio de ayuda y escucha que los médicos muchas veces no pueden cubrir.
Cuando las personas llegan a nosotros, en la mayoría de los casos, no sólo quieren que tratemos sus problemas físicos sino también que escuchemos su dolor emocional y sus frustraciones ya que en ellos está la base de casi todos sus desequilibrios.
Todo esto nos va creando una carga que debemos aliviar, no porque nos llevemos sus problemas, sino porque durante un rato, y debido a nuestra capacidad empática, nos hemos puesto en su lugar para tratar de entenderlos. Por tanto, de vez en cuando, también nos debemos poner en manos de otro terapeuta para que nos ayude. Cada uno tenemos nuestro propio equipaje.
Llevo muchos años en este trabajo y, aunque me cuido dándome masajes y recurriendo a la homeopatía, la naturopatía, acupuntura o terapia neural según lo que necesite tratar, este año decidí cuidar también la parte más fundamental de mi propia esencia, mi emocional. Para ello solicité a una de mis alumnas que me tratara con la Técnica Metamórfica, y creedme, ha sido maravilloso sentir lo que sienten mis clientes cuando vienen a terapia y lo que enseño a los alumnos en los cursos.
He experimentado cómo el metamórfico nos conduce sutilmente hacia lo más profundo de nuestro inconsciente sobre todo cuando tenemos dudas de cuál es el camino a tomar en un momento de la vida. Nos lleva incluso hacia una crisis de salud (lo que llamamos crisis curativa) para que tomemos conciencia de lo que debemos hacer.
Hace poco me preguntaba una persona interesada en el curso de Reflexoterapia Podal si después de aprender podría tratarse ella misma. Le dije que sí, que nos podemos auto tratar, sobre todo en situaciones de emergencia y si no tenemos a alguien cerca que nos pueda hacer terapia, pero siempre es mejor que sea otra persona la que lo haga, primero porque estaremos más relajados, y segundo porque será otro terapeuta quien mejor verá e interpretará los desequilibrios que tengamos.
Con respecto a la Técnica Metamórfica nos pasa lo mismo: ¿podemos trabajarnos nosotros? Sí, pero cuando otra persona nos hace el tratamiento es mucho mejor. Cuando enseño metamórfico explico a mis alumnos que el terapeuta actúa como el catalizador en una reacción química: ayuda en el proceso de transformación de una sustancia para que la reacción no sea muy expansiva, pero al final de la misma permanece inalterado. Por tanto si somos catalizadores no podemos ser a la par la sustancia a transformarse. No podemos ser juez y parte de nuestra propia historia, es mejor que alguien desde fuera nos ayude dándonos un enfoque desde otra perspectiva.
Cuando quise aprender Reflexoterapia Podal (hace ya más de veinte años) lo primero que hice fue tratarme con una terapeuta de la escuela con la que me interesaba aprender, que por suerte, era compañera en el curso de Quiromasaje que estaba haciendo. Me dio trece sesiones, y pude disfrutar de sus beneficios viviendo en primera persona lo que se sentía con la reflexoterapia. Vi las reacciones que provoca, sabiendo así de primera mano lo que iba a aprender. Ese período de tratamiento fue el que más me convenció para hacer el curso.
Después me he tratado muchas veces por diferentes razones, por lo que animo a mis colegas a que también los terapeutas busquemos apoyo ya que nos pasamos la vida cuidando de los demás y eso nos va pasando factura.
Aunque como terapeutas sabemos que debemos permanecer como observadores cuando hacemos un trabajo, no deja de influirnos.
Una de las experiencias más curiosas e interesantes que tuve fue durante el curso que hice de Liberación Somato Emocional. Al estar atravesando un momento complicado, se despertaron en mí muchas emociones. El primer día salí enfadadísima del curso, pensaba que no se nos debían enseñar esas herramientas tan potentes a la hora de manejar las emociones ya que no tenía muy claro si estábamos preparados para utilizarlas. Pero el segundo día al hablar con una compañera comencé a comprender que eran mis propios miedos los que me bloqueaban, ella puso ante mí que todo lo que estaba sacando se relacionaba con mi forma de llevar en ese momento mi relación con mi madre, culpándola de todo, cuando no debía ser así, estaba juzgándola. La clave que aquella compañera me dio de no juzgar nunca a nadie porque no sabemos si lo que juzgamos está también en nosotros, es algo que no he olvidado. El curso me sirvió no sólo por lo que aprendí sino también porque conocerla me ayudó a cambiar la forma en que enfocaba mis problemas, pude ser capaz en ese momento de “cambiar mi perspectiva”.
Los terapeutas vamos dando nuevas perspectivas a las personas que nos piden ayuda, pero debemos cambiar las nuestras continuamente también de ahí que necesitemos hablar con otros terapeutas.
Hace poco me comentaba una clienta psicóloga que aunque ya estaba jubilada, mientras había estado en activo iba a tratamiento con otro profesional porque también necesitaba hacer terapia de vez en cuando, para continuar su trabajo siendo una persona lo más equilibrada posible.
Es importante que seamos tratados con las terapias que nosotros hacemos porque es en ellas en las que mejor vibramos por tanto sus frecuencias terapéuticas son las que más pueden ayudarnos.
Vibrar es parte de nuestra fuerza como terapeutas, vibrar en equilibrio, en una mente y un cuerpo saludables. Es nuestra responsabilidad cuidar el vehículo que nos transporta y estar lo mejor posible para poder ayudar a las personas que vienen a consulta; aunque en muchas ocasiones han sido ellas las que me han ayudado a mí, han sido mis maestros, porque he aprendido de su lucha y decisión a seguir con la vida aun en el peor escenario, como mi amigo Marcos, tetrapléjico por un accidente de tráfico que me enseño a luchar a pesar de que había perdido la capacidad de moverse, y que siempre me decía: “voy a vivir lo mejor que pueda con lo que me queda”, nunca perdía su optimismo. O, lo que más me impactó y nunca he olvidado: “las barreras no están más que en nuestra cabeza, cuando uno quiere llegar a un sitio no tiene más que pedir ayuda, siempre habrá alguien dispuesto a ayudarte”.
Aprendemos mucho de las personas que vienen a consulta cuando no nos creemos el mejor terapeuta del mundo que va a curar al otro, sino que nos acercamos con la humildad del aprendiz; así interactuamos en un clima de mayor compresión, amor y dedicación. Sólo somos instrumentos al servicio de los demás. Estamos aquí para ayudar.

Firmado:

Carmen Benito.