CRECER SIN MIEDO A TRAVÉS DE LA TÉCNICA METAMÓRFICA.

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Publicado en el número de Septiembre de la revista "Universo Holístico" 

El primer llanto que emitimos nada más nacer es de miedo al separarnos de nuestra madre a la que hemos permanecido vinculados durante nueve meses, pero el amor que ella nos profesa desde el primer momento es capaz de transformar ese miedo en seguridad.

Cuando nacemos somos totalmente dependientes, necesitamos que nos alimenten, nos cobijen, nos atiendan debidamente. La madre es la principal encargada de esa tarea, pero ¿qué pasa si las circunstancias lo impiden?

En los años que llevo trabajando con la Técnica Metamórfica he tenido la oportunidad de conocer a varios niños, jóvenes y adultos, que no sabían de donde venían sus miedos patológicos que en ocasiones les impedían hacer cosas de la vida cotidiana. Puede que alguna de las personas que leáis este artículo descubráis una parte de lo que os está pasando.

Cuando llegamos al mundo necesitamos sentir el vínculo con la madre crear un lazo de apego saludable, por lo que ya en muchas clínicas de maternidad, nada más nacer y antes de cortar el cordón umbilical dejan que la madre tenga a su bebé en brazos y que le de el pecho aunque todavía no tenga subida de leche.

Pero hay casos en los que el nacimiento es más artificial por diferentes razones: la extracción del bebé se tiene que hacer con fórceps o ventosa, se utiliza la anestesia epidural por lo que la madre no puede controlar correctamente la intensidad de la contracción ni el empuje que debe realizar para ayudar a nacer a su hijo, se puede alargar el parto por problemas de la madre o del niño necesitando una cesárea. Todo ello puede traducirse en que el recién nacido tenga que pasar por la incubadora en el primer momento de la vida.

Hace poco una amiga me comentó el caso de su niña de nueve años: desde que era muy pequeña sufre de pesadillas algunas noches, lo que le impide dormir bien y dejar dormir a sus padres, también es muy miedosa en general, sobre todo ante los animales, a los que no se acerca porque le supone una enfermedad.

Me contó que durante el parto estuvo demasiado tiempo en dilatación. Al principio le pusieron oxitocina para estimular las contracciones y que dilatara, y al poco tiempo la anestesiaron con la epidural para que no sintiera dolor. Así se tiró varias horas y, cuando los médicos se quisieron dar cuenta, la niña estaba sufriendo. La llevaron al paritorio y la extrajeron con fórceps. Apenas se la enseñaron la trasladaron a la incubadora, donde la mantuvieron una semana. Aunque la madre fue a verla varias veces al día, los miedos ya se habían creado un espacio en el inconsciente de la niña.

Le pregunté si tenía rozaduras en la zona de detrás del talón, donde da el contrafuerte del zapato, y me dijo que sí. Le comenté que probablemente tendría muchos problemas a la hora de hacer cambios, incluso cambiar de zapatos, y eso fue lo que más le llamó la atención, pues a la niña le costaba muchísimo comprarse zapatos nuevos, porque todos le molestaban y prefería llevar siempre los viejos. Le expliqué que todo el miedo de su hija estaba en gran medida motivado por su nacimiento, pero había algo más que no se había gestado solamente ahí, ¿por qué tanto miedo a los animales? Entonces me contó que a partir del cuarto o quinto mes de gestación empezó a tener mucho estrés por problemas familiares, justamente cuando el feto entra en la que llamamos etapa de “animación”, cuando empieza a relacionarse con lo externo, por tanto las vivencias de la madre a partir de ese momento, que duraron hasta el parto, también influyeron en su hija.

Hace tiempo traté a una niña de doce años que sufría de pesadillas y se despertaba gritando todas las noches, prácticamente desde su nacimiento, la madre sólo recordaba haber dormido mejor en una etapa que la niña estuvo en tratamiento psicológico. Iba a marcharse de campamento con sus compañeras de colegio y estaba muy preocupada porque no quería despertarse dando gritos cuando estuviera durmiendo con ellas, pues temía asustarlas. Propuse a la madre tratarla con metamórfico las sesiones que diera tiempo antes de que se marchara, que fueron tres.

Cuando volví a hablar con ella a la vuelta del verano, me comentó que la niña había dejado de tener pesadillas en el campamento, y que no las había vuelto a sufrir. Le pedí hablar con su hija y, al preguntarle a que creía ella que se debía, me contestó sin ninguna duda que al Masaje Metamórfico.

Un año después coincidió en el mismo campamento de verano de mi hijo estuvimos hablando y me contó que no había vuelto a tener más pesadillas.

Los niños muchas veces me sorprenden, tanto en su forma de aceptar las terapias sin cuestionarse nada, como en la rapidez que tienen para recuperarse.

El vínculo que se establece entre la madre y el niño en el momento del nacimiento es fundamental en el desarrollo emocional, aunque a veces no sepamos ni siquiera de donde vienen los miedos hay muchos casos en que surge del instinto de supervivencia que tiene el bebé nada más nacer. En el libro: “La vida secreta del niño antes de nacer”, comentan sus autores Thomas Verny y John Kelly que abrazar al niño, acariciarle y vincularse con él va a provocar una diferencia muy importante en la futura vida física y afectiva del niño, mejorando incluso su estado inmunológico.

Se considera que ese vínculo se establece antes de que pasen las primeras doce horas desde el momento del nacimiento.

Pero aunque las cosas no sucedan de la forma más ideal, el vínculo se recupera posteriormente gracias al amor que se le da al bebe, incluso hay niños que por circunstancias no lo pueden establecer con la madre y otro miembro de la familia asume el papel protector, en muchos casos ha sucedido con la abuela. Y por supuesto es muy importante el vínculo que se establece también con el padre, hoy en día ya dejan al padre formar parte del nacimiento del hijo, algo que le ayuda a establecer un lazo entre ambos que durará a lo largo de sus vidas. Si importante es la madre, no menos lo es el padre.

Aunque En la Técnica Metamórfica parezca que se trabaja principalmente sobre los nueve meses de gestación, no sólo es así, ya que cuando realizamos el masaje en el pie izquierdo también vamos conectando con el pasado de la persona, desde el momento del nacimiento, y con el subconsciente. Mientras que en el derecho conectamos con el momento presente y con el consciente. Por tanto, vemos como los nueve meses y todo lo que vivió posteriormente van a configurarla tal y como es en la actualidad.

Nuestros cimientos son los nueve meses de gestación, pero la estructura que conformará el edificio comienza a forjarse en la infancia a través de nuestras vivencias. Mientras que un niño o un adulto tienen alguna forma de protegerse de agresiones afectivas, el embrión está totalmente desprotegido, por ello es mucho más vulnerable quedando esas vivencias grabadas en su subconsciente de forma que la persona no puede saber muy bien lo que le pasa.

Hay estudios hechos sobre el establecimiento de la memoria en los fetos de seis a ocho meses, de hecho puede soñar a partir del séptimo mes de gestación, lo que es fundamental para el desarrollo del cerebro del niño en el futuro. Pero, ¿qué hace que se pierda esa memoria si, según esos estudios podríamos incluso recordar nuestro nacimiento? El más firme candidato para que esto ocurra es la presencia de la hormona oxitocina durante todo el parto, que no sólo tiene función estimuladora de las contracciones del útero, sino que actúa como amnésico tanto para la madre como para el bebé.

Algunas personas en estado de relajación profunda son capaces de acceder a esos recuerdos. Se piensa que otra hormona está implicada en la recuperación de los mismos, la ACTH (la hormona adrenocorticotrófica), capaz de ayudar a retener los recuerdos sobre todo traumáticos, ya que se libera en situaciones de gran tensión; y, qué mayor tensión que el parto. Cada vez que algo asusta a la parturienta, libera cantidades de ésta hormona que llegarán al niño a través del torrente circulatorio, haciendo que éste cree y retenga una imagen de lo que la madre sufre afectándole a él también. Años después, a través de una relajación profunda, puede llegar a recordar incluso conversaciones de los médicos durante el proceso del parto.

Por tanto, para que el niño pueda recuperarse de esos miedos vividos, el crear el vínculo afectivo con la madre nada más nacer será determinante para que a lo largo de su vida pueda desarrollarse como una persona segura de sí misma.