BUSCANDO NUESTRA IDENTIDAD A TRAVÉS DEL MASAJE METAMÓRFICO

  •  
  •  
  •  
  •  

Publicado en la revista: “Universo Holístico” de Enero de 2011

Conectar con uno mismo o saber qué camino tomar en la vida, es lo que anima a muchas personas a venir a Masaje Metamórfico.

Hoy en día vivimos en grandes ciudades de una forma artificial y desconectada de la naturaleza; esto hace que muchas veces no encontremos sentido a nuestra existencia, entrando en conflictos emocionales o mentales que en algunos casos nos conducen a situaciones de ansiedad y angustia.

Aunque conozcamos muchas formas de conectar con nuestro YO más profundo: relajación, meditación, respiración, yoga, tai-chi, etc., lo que también buscamos es alguien que nos escuche desde fuera, una mirada objetiva que nos ayude a ver lo que para nosotros está en un punto ciego.

Tratamos de averiguar quienes somos, pero quizás sería mucho más importante preguntarnos: ¿quiénes queremos ser?

Somos los únicos animales en este planeta capaces de tomar decisiones, de tener libre albedrío a la hora de cambiar nuestra vida. Somos los únicos que en cuestión de segundos son capaces de pasar de elegir una cosa a elegir otra totalmente distinta, algo que no sucede en los animales, ya que ellos toman las decisiones en función de un instinto heredado basado en el acierto y error que facilita la supervivencia de la especie.

Hay dos aspectos clave en la toma de decisiones a la hora de elegir nuestro camino: la intención y la intuición.

Algunas personas me comentan que han perdido su intuición, algo que los niños tienen muy desarrollado Ellos son capaces de reconocer desde olores, sonidos, y expresiones de la cara que les indican cómo es la persona que tienen cerca, esta capacidad la vamos perdiendo a medida que nos hacemos adultos, aunque conservamos nuestro instinto olfativo de forma muchas veces inconsciente.

Para poder desarrollar la intención tenemos que tener claro lo que deseamos, ser sinceros con nosotros mismos a la hora de tomar la decisión de cumplir nuestros deseos y aprender a elegir.

Elección es otra palabra clave, cuantas personas vemos que a lo largo de su vida toman una y otra vez el camino equivocado que les lleva a cometer los mismos errores. Cuantas personas que han vivido una relación de mal trato, vuelven caer en lo mismo al comenzar una nueva relación; o personas que dejan una adicción y, al cabo de un tiempo, por distintas circunstancias vuelven a caer en ella. Nuestra elección se puede tomar desde dos aspectos diferentes: la personalidad ya preexistente, que se basa en las experiencias conocidas y la adicción a las mismas, o desde nuestro libre albedrío que reside en la corteza frontal del cerebro.

Yo elijo: repito errores, o me creo a mí mismo.

El tamaño de nuestro lóbulo frontal en relación al resto del cerebro es muy superior con respecto al de otras especies animales. Esta área del cerebro es la que se encarga de la intención, la toma de decisiones, el comportamiento y la inspiración.

Debemos aprender a reconocer lo que nos enferma, lo que deseamos, para cuidar de nosotros mismos y, a partir de ahí, preguntarnos qué estamos dispuestos a hacer para conseguirlo: esfuerzo y lucha. No podemos tirar la tolla al primer contratiempo.

Tú eres tu camino, la lucha eres tú, las contradicciones también forman parte de ti mismo. El amor que pongas para descubrir la persona que llevas dentro será el que se expanda hacia fuera y se extienda hacia todo lo que haces.

El masaje metamórfico que se realiza principalmente en los pies es una buena terapia para conectar con todo eso. Consiste en una caricia suave que va desde el dedo gordo hacia el talón recorriendo todo el arco, pasa por zonas reflejas de columna vertebral que a su vez conectan con los nueve meses de gestación. Al recibirlo, la persona se puede relajar desconectando de los pensamientos obsesivos, relajando el cerebro.

Durante el tratamiento el terapeuta también debe concentrarse y relajarse, de esta manera conectará con la persona, detectando los bloqueos que tenga en determinadas zonas del pie; estas, se corresponderán con momentos clave del desarrollo embrionario, mostrando lo que se fue distanciando del plano original que fuimos, dando lugar a los problemas en la estructura física, mental y emocional que hemos construido.

El período que nos conecta con el diseño original es la preconcepción, que es la primera zona donde trabajamos. Se relaciona con las glándulas pineal y pituitaria, encargadas de producir las hormonas que controlarán las funciones de los diferentes órganos, y, los neurotransmisores, que son el lenguaje que permite la comunicación entre nuestras emociones nuestros pensamientos y nuestros órganos.

El momento de la concepción es cuando por primera vez tomamos contacto con la materia, el óvulo y el espermatozoide se unen para formarme a como Ser, no a otro. Con la fuerza con la que me introduzca en la vida será con la que estas capacidades se desarrollarán más o menos. Como seamos concebidos seremos capaces de concebir, ya sean proyectos, hijos, vida, etc.

Nuestra autoestima está íntimamente relacionada con este momento, ya que en él la parte más activa es la del padre (serán los espermatozoides los que vayan al encuentro del óvulo), por tanto es nuestro lado masculino. Es la que nos da la fuerza y la seguridad de saber que lo que hacemos es correcto, que podemos enfrentarnos a los desafíos de la vida y salir airosos.

Trabajando la zona del pie que conecta con el momento de la concepción estimulamos la capacidad de aceptarnos a nosotros mismos, comprendernos y reconocer nuestros verdaderos pensamientos, emociones y acciones.

Según vamos desarrollándonos en la postconcepción, adquirimos rasgos de nuestra madre, ya que es la que nos alimenta y protege durante los nueve meses de gestación. Ella nos da fuerza y nos enseña el lenguaje de comunicación a través de los neurotransmisores: según se enfrente a las situaciones de la vida producirá unos neurotransmisores u otros, que marcarán lo que siente y lo que vive, dándonos pautas de comportamiento cuando nos sucedan cosas similares.

Al llegar al quinto mes de gestación descubrimos el entorno que hay fuera; nos asustan los ruidos bruscos, nos acunan las palabras amorosas de nuestros padres; reaccionamos con movimientos. Es ahí cuando la madre comienza a sentir con más intensidad al niño. Esta etapa que denominamos período de animación es crucial a la hora de relacionarnos con los demás. Se localiza en el pie donde se forma el arco, que es zona refleja de las vértebras lumbares en reflexoterapia podal. En los aspectos psicológicos del pie, la estructura del arco nos indica cómo es la persona, si es muy alzado (pie cabo), nos habla de alguien que desarrolla muchas ideas pero que se quedan ahí, le cuesta materializarlas, podríamos decir que construye muchos castillos en el aire. Mientras que un pie plano nos indica que la persona está muy apegada a la tierra, es más materialista. Lo ideal sería un arco lo más equilibrado posible y en su defecto siempre se podrán utilizar plantillas que ayuden a pisar con firmeza.

Cuando vamos llegando a los siete meses de gestación nos vamos preparando para el nacimiento, empezamos a tomar contacto con lo que será nuestro lado femenino, el que nos ayuda a dar a luz nuestros proyectos, nutriéndolos, alimentándolos y amándolos. Estamos en el período denominado prenacimiento.

Al llegar al nacimiento nuestro edificio comienza a construirse apoyado en los cimientos que hemos ido colocando.

Pero en la Técnica Metamórfica nada queda establecido definitivamente, porque todo está en movimiento y la vida es movimiento, por lo que a pesar de lo que nos pueda suceder siempre podemos volver al plano original creándonos de nuevo a nosotros mismos.