BORRANDO LAS MEMORIAS CELULARES

  •  
  •  
  •  
  •  

La vida puede ser mucho más sencilla pero nos la complicamos aun sin ser conscientes de ello.

Yo soy “Yo”, no mis memorias, encontrar mi paz pasa por aprender a soltar aquello que ya no me vale.

Cuando hacemos terapias encaminadas a ayudar a la persona a descubrir su ser interior, también aprendemos a reconocer el nuestro. Todo en este camino terapéutico tiene un efecto de ida y vuelta, si estamos despiertos somos capaces de ver que las historias de las personas que vienen a tratamiento, también resuenan en nosotros.

Dice el Dr. Ihaleakalá Hew Len maestro de Ho’oponopono:

Un problema sólo es un problema si decimos que lo es, y el problema no es el problema, sino cómo reaccionamos al problema es el problema”.

Cuando las personas vienen a terapia tanto de técnica metamórfica como de masaje celular, normalmente se encuentran atascadas en un conflicto de su vida que les impide avanzar o tomar conciencia de la solución. Como terapeuta muchas veces me he dado cuenta que su conflicto coincidía con el que yo misma vivía en ese momento, es como tener un espejo reflejándome a mí misma. Ayudar al otro a resolverlo escuchándole me ha dado las respuestas para resolver el mío.

Un problema vuelve a aparecer en nuestras vidas cuando nos apegamos a él y no lo soltamos, siempre tendemos a repetir, sin darnos cuenta de cómo nos perjudica.

Con la Técnica Metamórfica o el Masaje Celular liberamos las memorias incluso de las que no somos conscientes, porque quedaron atrapadas en el inconsciente durante los nueve meses de gestación, en la primera infancia, o las traemos con nosotros a lo largo de generaciones.

Este trabajo está relacionado con las emociones, los patrones aprendidos y su influencia a la hora de enfrentarnos a la vida.

Desde la medicina convencional se relaciona el nivel de hormonas y neurotransmisores que tenemos en sangre con nuestros estados de ánimo, sin plantearse siquiera la posibilidad de que esos neurotransmisores están ahí como un lenguaje traductor que conecta el cuerpo físico y nuestra conciencia.

Las emociones en sí mismas no son compuestos químicos que se puedan medir.

Llevo veinticinco años trabajando con terapias manuales como la reflexoterapia podal o la técnica metamórfica y, cada día que pasa trato de escuchar más a mi sabiduría interior dejándome guiar por ella en lugar de seguir al pie de la letra tantas y tantas enseñanzas que he recibido a lo largo de estos años. Vaciarnos de todo por completo y dejar que nuestras manos nos guíen a partir de nuestro corazón con total confianza nos permite ver el camino con mayor claridad:

Nada puede ser diferente de como es, todo está bien, todo es lo que tiene que ser.”

Todos formamos parte de una sola Esencia, una sola Luz, una sola Fuente.”

Tanto en la terapia metamórfica como en el masaje celular, el trabajo consiste en estar presente y escuchar. La persona que recibe la terapia tendrá que realizar su proceso, sin expectativas, yo no puedo implicarme en su historia ni dirigir nada, sólo trabajar de una forma amorosa y respetuosa.

A lo largo de estos años he observado como las personas cambian a medida que hacemos el tratamiento y consiguen encontrar su propósito.

En el proceso de cambio que se produce en estas terapias es como si la oruga adquiriera la fuerza para darse cuenta de que ya no es sólo una oruga, que puede transformarse en mariposa dejando atrás esa memoria y sobre todo el miedo, la emoción que siempre nos bloquea.

Robert St. John desarrolló la técnica metamórfica para romper esos moldes, llegando a conseguir en una niña muy pequeña con síndrome de Down sacar todo su potencial, transformando incluso sus rasgos mongoloides (la que después sería su hijastra).

Si en nuestra infancia nos hacen creer que somos de una determinada manera, el niño se lo cree todo, creceremos pensando que eso es una realidad. No podemos decir a un hijo: eres un vago, eres tonto, eres feo o inútil, porque todo lo va fijando en su inconsciente y se lo cree, por lo que estará creando una imagen distorsionada de sí mismo que le acompañará hasta la vida adulta. Porque lo que vemos de nosotros siempre está condicionado por lo que nos dicen los demás. No somos nuestra verdadera esencia, vivimos condicionados por un estereotipo creado desde fuera.

Es fundamental conectar con lo que somos, abandonar lo que los demás dicen que somos. Eso en muchas ocasiones nos va a poner en contra de los que nos rodean, familia o amigos. Me ha ocurrido muchas veces que la persona que estoy tratando con metamórfico cuando acude a su segunda o tercera sesión me comenta que esa semana ha discutido con todo el mundo, yo le digo que bien, que está en el camino y que eso es normal, porque pierde el miedo a decir lo que siente y mostrarse como es.

La sociedad nos quiere a todos en grupos o en manadas fáciles de controlar, pero la búsqueda de uno mismo es un camino individual y libre.

Debemos regresar a nuestra infancia, mimar a nuestro niño interior, amarle y darle lo que otros le negaron, la inocencia, el juego, el arte de la alegría.

Volvamos a la inocencia del niño, pero con el conocimiento de una vida vivida, aceptando las cosas maravillosas que nos llegan a cada instante y dando siempre las GRACIAS.

Soltemos, relajémonos respirando profundamente y hagamos el siguiente trabajo para que desde donde estéis leyendo este artículo podáis conectar con lo que os digo:

Observad por un momento lo que habéis vivido, las piezas del rompecabezas que es la vida, sentid como cada una va ocupando su espacio y que todo ha tenido un sentido porque nos ha traído hasta aquí, hasta este momento. Algo resuena en vosotros de lo que os voy contando porque ya estáis empezando a vibrar en otra frecuencia, sacad la verdad de vuestro interior, vuestra verdad, somos libres de “SER”, los estereotipos de lo que los demás piensan que somos ya no sirven. Sólo “YO” soy quien importa, no desde una forma egoísta, sino amorosa, de compartir, de asumir la responsabilidad que tenemos en aquello que nos sucede. El papel de víctima queda atrás, ya no nos vale.

Puede que el puzle que hemos construido hasta este momento no nos guste. Siempre tenemos la oportunidad de empezar de nuevo, nada se ha perdido, esta vida es un aprendizaje, sólo si te rindes pierdes.

Respira profundamente, siente tu vibración, tu frecuencia, el latido de tu corazón. Verás que al igual que cada año nace, tú también renaces.

Vacíate, cuando entras en el vacío todas las posibilidades están a tu alcance, Vacío es el potencial absoluto.

Agradece la oportunidad y comienza de nuevo.

AHORA HAS ALCANZADO EL ESTADO DE LA MARIPOSA Y PUEDES VOLAR.

Firmado: Carmen Benito.

Licenciada en Biología. Directora del Centro de Bioestética Carmen Benito.