MUCHO MÁS QUE UN DRENAJE LINFÁTICO

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El año pasado tuve la oportunidad de escribir en esta revista dos artículos dedicados al drenaje linfático manual y su importancia en el tratamiento de los edemas y linfedemas. En esta ocasión quiero exponer el trabajo que he desarrollado para potenciar sus efectos.

La idea surgió al tratar a una clienta que vino a consulta hace unos meses, le habían hecho un tratamiento para la celulitis con ultrasonido y necesitaba drenaje linfático; me preguntó qué otras técnicas manuales conocía, sobre todo que fueran relajantes. Le propuse una terapia más completa, realizándole algunos de los pasos de la terapia Craneo-Sacral relacionados con las zonas linfáticas, y también el drenaje linfático reflejo de los pies, todo en la misma sesión para potenciar efecto del drenaje corporal. Al terminar el masaje me comentó que se sentía totalmente fuera del mundo, era como estar en otro plano, se sentía tan relajada que le costaba levantarse de la camilla. Cuando volvió a tratamiento me dijo que el drenaje le había hecho mucho más efecto que en otras ocasiones. Así comencé a investigar en la posibilidad de unir estas tres terapias, buscando otros casos donde aplicarlas.

Las personas que acuden a consulta son las que nos hacen superarnos ya que al tratar de ayudarlas despiertan nuestra creatividad.

A esta forma de trabajo la llamo masaje Linfo-energético, en él trato de equilibrar el movimiento que tienen los fluidos de nuestro cuerpo para que se armonicen. Por un lado el flujo del líquido cefalorraquídeo, que se mueve en ciclos de 6 a 10 pulsos por minuto y, por otro, el de la linfa que cuando estamos en reposo se impulsa por el movimiento de las arterias cercanas a los vasos linfáticos, creando un oleaje interno.

Cuando aprendí Terapia Craneo-Sacral y liberación Somato-Emocional, pude experimentar incluso en mí misma cómo las emociones se quedan archivadas en el tejido sobre todo tras una experiencia traumática, provocando dolor intermitente y, en casos extremos, crónico.

¿Qué es lo que le sucede al tejido a nivel bioquímico y nervioso para que una señal de dolor que nos advierte de que algo sucede en el cuerpo, sea incapaz de detenerse aunque la alarma haya cesado?

Dice el Dr. Drama Singh Khalsa en su libro “Curar el Dolor” que cuando las señales de dolor llegan al cerebro lo hacen en primer lugar al Tálamo, encargado también de controlar el hambre y la sed. El tálamo a continuación envía la señal en dos direcciones: la corteza cerebral donde está el neocórtex que rige el pensamiento racional y, el sistema límbico que rige las emociones. Ambos cerebros: emocional y pensante decidirán la importancia e intensidad del dolor, donde está localizado, su significado y su tratamiento. Si la situación no es muy grave le ordenan al cuerpo que se relaje, y al cerebro que bombee un neurotransmisor calmante: la serotonina. Esta sustancia hace que se calme la señal nerviosa de dolor, que se relajen los músculos que rodean la parte dañada, que los vasos sanguíneos contraídos por la alarma comiencen a dilatarse y, el cuerpo, vuelva a su estado normal desapareciendo poco a poco el dolor.

Pero si la situación es más grave, y nuestro sistema límbico lanza la alerta de que tenemos un problema, comienza una reacción más potente; en lugar de liberar un neurotransmisor calmante como la serotonina lo que se libera es noradrenalina generando una reacción de estrés: el corazón se acelera, los vasos sanguíneos se contraen, los músculos se ponen en tensión y los nervios en alerta a la espera de reacciones. Si no sabemos gestionar bien la situación es cuando puede comenzar el dolor crónico, para que esto no suceda tiene que haber un equilibrio entre la producción de serotonina (calmante) y noradrenalina (estimulante), para ello es fundamental que la persona se calme.

Reducir el estrés es por tanto una forma de ganarle la batalla al dolor crónico. Importante para la producción de serotonina son la relajación a través de la respiración profunda y el ejercicio físico, algo que las personas con dolor crónico suelen dejar de hacer.

La inflamación de la zona afectada aparece en el proceso de curación, forma parte de la reacción del cuerpo a la lesión o herida, ya que el cerebro envía más sangre a la zona lesionada para combatir la infección y reparar el daño. Cuando la lesión sana, desaparece, pero si el dolor queda gravado en el sistema nervioso esa parte podría quedar inflamada, pasando de ser un síntoma, a una enfermedad (edema).

En algunos casos el dolor crónico puede centralizarse en el cerebro, por lo que el mejor tratamiento será aumentar la capacidad de control sobre nuestro organismo a través de la relajación, la meditación o el autocontrol mental, consiguiendo que éste vaya cediendo poco a poco.

El tratamiento que hago une las tres técnicas manuales para conseguir que la persona llegue a un estado de relajación profunda, por lo que también podría aplicarse en los casos de dolor crónico para tratar de desconectar ese circuito neurológico que se retroalimenta.

La terapia Craneo-sacral se basa en el movimiento del líquido cefalorraquídeo a través de toda la columna vertebral y el cerebro (donde se forma), y de su influencia en el movimiento del sacro con las vértebras y, el de las articulaciones de los huesos del cráneo. El correcto funcionamiento de este sistema hidráulico es responsable de nuestra salud y equilibrio.

No utilizo todo el protocolo de tratamiento, pero sí las zonas más relacionadas con el sistema linfático.

El Drenaje Linfático es fundamental para un correcto funcionamiento del organismo, se encarga de recoger el líquido extracelular en el que se pueden encontrar desde los productos de desecho del metabolismo celular, las proteínas que debido a su alto peso molecular no pueden recuperarse por el torrente circulatorio, los linfocitos que se producen en los ganglios linfáticos, las sales minerales, las moléculas de grasa procedentes del proceso digestivo que si penetran en el torrente circulatorio lo colapsan, etc.

Si el sistema linfático no funciona correctamente se pueden formar edemas, que en casos más graves pasan a ser linfedemas, mucho más endurecidos y difíciles de tratar.

Cuando hacemos drenaje también ayudamos a la persona a reducir la tensión, pues la presión en los tejidos baja suavemente al retirar el exceso de proteínas en el líquido intersticial. Ahí reside la importancia de esta técnica para reducir inflamaciones debidas a: traumatismos, embarazos, mala circulación, síndrome premenstrual, procesos inflamatorios alérgicos, etc.

La última parte del tratamiento es la reflexoterapia podal del drenaje linfático, que también actúa sobre el sistema nervioso autónomo permitiendo al organismo reequilibrarse y elevar el sistema inmunológico.

Si nos fijamos las tres terapias van a influir directamente sobre los fluidos del organismo, relacionados con el sistema emocional, por lo que estamos incidiendo directamente sobre él.

Con este trabajo la persona entra en relajación profunda lo que la desconecta de emociones y pensamientos que la intoxican, permitiéndole producir los neurotransmisores responsables de su recuperación como la serotonina. De hecho se ha investigado mucho en la influencia de la falta de este neurotransmisor en la depresión, y algunos de los medicamentos que se utilizan para la depresión y la fibromialgia son recaptadores de serotonina.

La duración del masaje es de hora y media aproximadamente para conseguir el efecto deseado. Pero no debemos olvidar nunca que si una persona no quiere, por mucho empeño que pongamos no va a entrar en ese estado de relajación tan profundo. Tendrá que aprender a darse permiso para disfrutar del masaje, aparcando los problemas ya que: “si podemos solucionarlos para qué preocuparnos y si no podemos solucionarlos para qué preocuparnos”.