LA IMPORTANCIA DEL SISTEMA LINFÁTICO Y SU TRATAMIENTO

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Publicado en la revista: “Verdemente” en Enero de 2011 

He querido escribir sobre el sistema linfático porque todavía hay un gran desconocimiento del mismo y de su importancia fisiológica. Sirva decir que si no funcionara falleceríamos en menos de veinticuatro horas hinchados como globos, de ahí deducimos la gran trascendencia que tiene.

El sistema circulatorio linfático al contrario que el de la sangre es un sistema abierto, transcurre paralelo a las venas y sigue su mismo sentido, pero comienza en los espacios que hay entre las células, donde se forman los canales linfáticos iniciales; de ahí, la linfa pasa a los capilares linfáticos y después a los vasos, que según su tamaño se denominan: precolectores, colectores, troncos y conductos. A lo largo de su recorrido atraviesa diferentes zonas donde se localizan los ganglios o nódulos linfáticos.

Los vasos linfáticos se encuentran prácticamente en todas las partes del cuerpo. A diferencia del sistema circulatorio no hay una bomba como el corazón con la sangre, que impulse la linfa, por lo que los mecanismos de drenaje son diferentes a los de la circulación. El movimiento de la linfa dependerá: del movimiento muscular, del sistema de válvulas que se sitúan dentro de los vasos linfáticos y sobre todo de la concentración de proteínas en el líquido extracelular, ya que las diferencias de presión dentro y fuera de las células son las que marcan el primer impulso para que la zona comience a drenarse, de lo contrario se colapsaría por la inflamación del tejido ya que un exceso de proteínas retendría agua.

Para entender esto hay que saber de qué está compuesta principalmente la linfa: es un líquido blanquecino que se va a formar principalmente de líquido extracelular, y su composición bioquímica principal son proteínas, agua, sales minerales, moléculas de grasa de alto peso molecular, leucocitos y, en algunos casos, glóbulos rojos. Cuando nos hacemos un hematoma, el sistema que se encarga de recuperar los glóbulos rojos y otros materiales necesarios de la sangre no es el circulatorio sino el linfático, precisamente por el tamaño de esos elementos, que es muy grande y no pueden atravesar de nuevo los capilares sanguíneos para volver al torrente circulatorio. Por tanto tiene también función de reciclaje.

Una de las estructuras más importantes del sistema linfático son los ganglios, que se sitúan en zonas estratégicas del recorrido de los vasos linfáticos con una misión fundamental, detectar a los agentes patógenos que nos invadan y neutralizarlos gracias a los linfocitos. Filtran la linfa para eliminar las toxinas y también producen anticuerpos.

La linfa llega al ganglio por varios colectores linfáticos, y sale ya filtrada a través de uno o dos colectores, por lo que hay más de entrada que de salida, de ahí la importancia de lo que sucede dentro. Cuando un ganglio se inflama es debido a que se está jugando una batalla inmunológica contra un agente patógeno, de ahí que nunca trabajemos sobre ganglios inflamados, ya que si está luchando contra una infección y nosotros lo masajeamos, la vamos a extender a los ganglios cercanos, y de un ganglio inflamado pasaremos a tener un racimo de ellos.

El tamaño de un ganglio es aproximadamente el de un grano de arroz, aunque algunos alcanzan hasta dos centímetros de diámetro. Podemos encontrarlos solos, a lo largo del recorrido de los vasos linfáticos, o lo más normal es que se agrupen en determinadas zonas: cabeza, cuello, tórax, abdomen, axilas, ingles y hueco poplíteo tras la rodilla.

Las funciones más importantes de los ganglios linfáticos son:

Actuar como filtros biológicos, impidiendo el paso de substancias extrañas como: partículas de polvo, metales, restos celulares, bacterias, o células malignas, de ahí que siempre que se extirpa un tumor se busca el “ganglio linfático centinela” más cercano y se le analiza para saber si han salido células que puedan extenderlo al resto del cuerpo y que se localizan en él. Todo esto es neutralizado en el ganglio para que no se extienda por el organismo.

Otra es espesar la linfa, ya que en el ganglio se reabsorbe hasta un 40% del flujo linfático, principalmente agua y pequeñas moléculas que van a atravesar las paredes de los pequeños capilares sanguíneos que hay dentro del ganglio, permitiendo reequilibrar presiones dentro y fuera del mismo, por tanto ya en ellos vamos recuperando una parte de fluidos importante para que nuestros tejidos no se inflamen.

Son parte fundamental del sistema inmunológico. Cuando tenemos que responder al ataque de un organismo patógeno en el ganglio linfático es donde se sensibilizan los linfocitos para dar una respuesta, y también donde se forman nuevos linfocitos.

Actúan como reservorios de linfa ralentizando el flujo linfático para que las funciones expuestas anteriormente se realicen correctamente.

Para entender mejor el sistema linfático hay que hablar del sistema intersticial, que recibe varios nombres: tejido conjuntivo laxo, formado por células móviles como los linfocitos y los macrófagos; y, células fijas como los fibroblastos y las células mesenquimatosas; también se le denomina vía de tránsito ya que por el circulan todas las substancias que se intercalan entre la sangre y las células del tejido, por lo que según como estén los componentes de este espacio se verá directamente afectada la retención de linfa por el tejido.

Las fibras que componen el tejido conjuntivo laxo son las reticulares, las de colágeno y las de elastina, que todos conocemos por los productos cosméticos que tratan de ayudarnos en la formación de estas fibras para que la piel no pierda su función de soporte ni su elasticidad.

Cuando las fibras elásticas envejecen aparecen las arrugas. Las estrías que aparecen durante el embarazo son consecuencia de la dilatación y el desgarro de las fibras elásticas.

De la exposición de las estructuras que constituyen el sistema linfático deducimos la importancia de su drenaje y correcto funcionamiento, pero cuando algo falla y la linfa se estanca en determinadas zonas la mejor terapia es el masaje de drenaje linfático manual, no la presoterapia que es un tratamiento distinto.

El trabajo del linfoterapeuta es crear olas que ayuden a movilizar el líquido que se va acumulando en los tejidos, emprendiendo un camino sin retorno hacia el lugar donde la linfa se une al sistema circulatorio, en el TÉRMINO PROFUNDO, donde se unen los troncos linfáticos con las venas subclavia y yugular profundas, a la altura de ambas clavículas, derecha e izquierda.

Fundamental como terapeutas es que sepamos como drena el cuerpo. El lado derecho no lo hace igual que el izquierdo. Las dos piernas, la zona pélvica, abdomen, tórax izquierdo, brazo izquierdo y lado izquierdo de la cabeza van a drenar al conducto torácico izquierdo, mientras que el tórax derecho, brazo derecho y lado derecho de la cabeza lo hacen por el conducto torácico derecho. Por tanto el que absorbe mayor cantidad de linfa es el conducto torácico izquierdo.

Los movimientos del drenaje linfático van a ser muy suaves, como si tirásemos de la piel, tratando de empujar la linfa sin provocar que el sistema se colapse. Al tiempo que drenamos el cuerpo, también actuamos sobre el sistema nervioso, principalmente el neurovegetativo, ejerciendo un efecto sedante y relajante, activando al sistema nervioso parasimpático. Esto se consigue por el ritmo lento y monótono del masaje y la suavidad con que se aplica.

Se reducen los estímulos dolorosos gracias a la acción de los mecanoreceptores de la piel, estos receptores reciben los estímulos sensitivos del tacto, estos envían la información a través de los nervios sensitivos hasta la médula espinal que a su vez los dirige a través de la neurona ganglionar a nivel central. Esta neurona posee una rama colateral represiva que cuando le llega una información de tacto suave y agradable inhibe la señal sensitiva que procede del nociceptor que es el receptor de dolor. Por ello el drenaje linfático al ser tan suave estimula este sistema de inhibición del dolor.

El drenaje también actúa sobre la musculatura ejerciendo una acción reguladora del tono muscular, sobre todo en los casos de hipertonías, contracturas. Y por supuesto después de lo expuesto también tiene una función primordial sobre el sistema inmunológico.

Es fundamental para ejercer un buen trabajo de drenaje tener un conocimiento lo más profundo posible del sistema sobre el que estamos trabajando.