EL DRENAJE LINFÁTICO MANUAL EN EL TRATAMIENTO DE LOS EDEMAS Y LINFEDEMAS.

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En el número anterior hice una introducción al sistema linfático, al funcionamiento del drenaje linfático manual y su importancia en el tratamiento de diferentes patologías, así como su utilidad después de cirugías tales como la extirpación de ganglios linfáticos de axilas o ingles, liposucción y cirugía estética.

Con este artículo quiero completar un poco más el alcance de esta técnica manual exponiendo los diferentes tipos de edemas y linfedemas que más he tratado. También se está viendo que su aplicación en las fibromialgias es un tratamiento bastante efectivo cuando se entra en la crisis de dolor.

Nuestro cuerpo está formado en dos tercios por agua, lo que conlleva un gran movimiento de líquidos, sobre todo en el intercambio celular de nutrientes y productos de deshecho que van y vienen de la célula al espacio intersticial que la rodea. El equilibrio de líquidos es fundamental para que todas nuestras células se desarrollen y nutran adecuadamente y, el sistema linfático va a ser el encargado de mantenerlo.

Los edemas y linfedemas se producen por un exceso de líquido en el espacio intercelular, si el sistema linfático no es capaz de retirarlo se provoca un encharcamiento del tejido conjuntivo (edema); pero si además de líquido se acumulan proteínas por una insuficiente retirada de las mismas debido a un fallo del sistema linfático, hablaremos de linfedemas. Según el origen de uno u otro será factible o no el tratamiento con el drenaje.

En el caso de los edemas el origen suele ser circulatorio sanguíneo y se caracterizan por:

Un aumento de la presión capilar.

Disminución de proteínas plasmáticas.

Un aumento de la permeabilidad de los capilares.

Los edemas que se tratan habitualmente y que obtienen un resultado muy satisfactorio con el drenaje linfático son:

Edema de embarazada, ya que durante el embarazo se produce aumento en la permeabilidad de los capilares y cambios de presión oncótica en el plasma que van a dar origen a la aparición de los edemas. A esto se le suma la presión que va ejerciendo el feto en la zona abdominal impidiendo un buen drenaje de la misma y de la zona inguinal. Al aumentar la progesterona durante el embarazo, también lo hace otra hormona: la aldosterona, que se encarga de regular el sodio en la sangre, reduciendo la eliminación del mismo por la orina lo que provoca retención de agua por parte del riñón. Esto en algunas mujeres, sobre todo a partir del sexto mes de gestación, hace que se hinchen, principalmente las piernas, en este caso es muy recomendable el drenaje linfático de las mismas, respetando siempre la zona abdominal.

Edema premenstrual: en la mujer se produce unos días antes de la menstruación una retención excesiva de agua y sodio en el tejido principalmente de las piernas y abdomen, acentuándose durante el día, ya que por la noche al estar en posición decúbito, se facilita el drenaje natural del cuerpo.

Edema venoso o flebedema: se produce como consecuencia de un estado varicoso. Cuando se está de pie aumenta la presión hidrostática dentro de la vena, provocando un aumento de la presión capilar. Aparece principalmente en los tobillos, y mejora cuando los músculos se ponen en movimiento.

Edema postrombótico: aparece como secuela después de una trombosis, se puede tratar siempre que no halla riesgo de una nueva trombosis.

Edemas en traumatismos: Estos pueden aparecer bien en una fractura, con rotura de vasos sanguíneos y linfáticos, o por contusiones, esguinces, distensiones e intervenciones quirúrgicas. En estas últimas es muy útil, por ejemplo: después de una intervención de varices para ayudar a recuperarse al tejido adyacente a la zona de la intervención.

También he tratado a varias las mujeres con drenaje después de la liposucción, ya que es el mejor masaje, sobre todo porque ayuda a la reabsorción de los hematomas y a la recuperación de las cicatrices internas del tejido. Los médicos lo recomiendan como parte imprescindible del tratamiento, proporcionándolo en las clínicas de cirugía desde el primer momento de la intervención.

Con respecto a los linfedemas, son más estáticos ya que hay cúmulo de proteínas en el tejido además de fallo en el sistema de drenaje.

Hoy en día y a consecuencia de que en muchas intervenciones quirúrgicas de tumores, se extirpan los ganglios linfáticos, es más común ver que acuden a tratamiento personas que padecen de linfedemas.

Entre los que he tratado uno de los más comunes es el de brazo, sobre todo en mujeres a las que se les ha extirpado una mama o un tumor en la misma, ya que por seguridad, se extirpan los ganglios linfáticos de la axila más cercana, controlando así el ganglio linfático centinela que es el primero al que va a drenar la zona afectada y, los ganglios adyacentes, por si contienen células tumorales. En algunos hospitales según se opera a la persona se le realiza desde el primer momento el drenaje linfático manual para propiciar una recuperación más rápida. Es más, los médicos aconsejan a la paciente que durante un tiempo se lo siga haciendo.

Hay casos extremos en los que el linfedema adquiere dimensiones muy aparatosas, el brazo alcanza casi el doble de su tamaño normal, en ese caso incluso en otros más leves que cursan con dolor se aconseja un manguito como un guante hasta la axila, que actúa mecánicamente como compresor evitando en gran medida el linfedema. Estos casos más extremos necesitan tratamiento prácticamente de por vida.

Otro de los que he tratado es el de piernas por extirpación de los ganglios inguinales. Al igual que en el de brazo el tejido se va fibrosando, y cada vez es más complicado conseguir que las extremidades vuelvan a un estado más o menos normal. En este caso son muy aconsejables las medias de compresión para utilizarlas habitualmente además del drenaje.

Un caso muy interesante fue el de un varón al que después de una intervención debida a una estenosis (estrechamiento) de la arteria femoral se le produjo un linfedema a la altura del tobillo hasta la mitad de la tibia, donde le habían quitado parte de la vena safena para hacerle un baipás. La operación había sido un éxito, pero al cortar el tejido para extraer la vena cortaron vasos linfáticos y eso le provocaba la formación del linfedema durante el día, a pesar de utilizar una media de compresión. Le resultaba muy molesta y no quería depender siempre de ella. Estuvo viniendo a drenaje todas las semanas durante casi un año, al cabo del mismo empezó a quitarse la media y vio que ya no la necesitaba mas que en casos muy extremos (permanecer todo el día sentado). Después pasó a mantenimiento viniendo cada quince días, y tras las vacaciones de verano ya no necesitó más tratamiento, la pierna estaba prácticamente recuperada.

Otro caso que he tratado es el de una mujer operada de un neurofibrosarcoma en la pierna (tumor que afecta al nervio), junto al peroné; al extirparlo la piel de la zona quedó muy adherida al hueso, al verse afectados los vasos linfáticos se le formó linfedema por debajo de la cicatriz. Después de varias semanas de tratamiento (al principio una vez por semana y después cada dos), se recuperó muy bien. Ahora viene siempre que puede y tratamos con quiromasaje de despegar un poco más el tejido del hueso, pero el linfedema ha desaparecido.

Otro linfedema es el que se forma por infección bacteriana que afecta principalmente a extremidades, y cuando entra en crisis provoca dolor, inflamación y fiebre, es el caso de la Erisipela. Trato a una señora que lleva más de diez años padeciendo la enfermedad, viene cada quince días a drenaje, recomendado por su médico, eso evita que le den episodios, de hecho hace cinco años que la trato y ha tenido muy pocos. Donde más se le manifiesta el linfedema es en el tobillo y la mitad de la pierna.

El drenaje linfático manual, precisamente por la estructura especial del sistema linfático debe ser un masaje muy suave, comenzando, en la zona que comunica con el sistema sanguíneo: “Término profundo”, donde se unen las venas yugular y subclavia internas a los troncos linfáticos, y después, según lo que queramos drenar, se bombean primero los ganglios de esa zona, para empujar la linfa desde los vasos más cercanos a la misma hasta los más alejados, provocando un movimiento similar al de un oleaje muy suave que va permitiendo que la linfa avance.

Es fundamental tener claro hacia donde encaminamos el drenaje para que sus efectos sean óptimos. Lo que más me comentan después del masaje, es la sensación de ligereza que perciben, sobre todo en las piernas. En los linfedemas que he tratado de brazo lo primero que se nota es reducción del tamaño, y desaparición del dolor que acompaña a esa inflamación del tejido.

En el caso de que el linfedema ya esté muy duro (fibrosado), la reducción será menor, pero si hay dolor va desapareciendo con el tratamiento.

Por las características tan precisas de esta terapia es fundamental que quien lo practique sepa bien la técnica y, que se realice en un ambiente agradable y relajado. Algunas personas llegan casi a dormirse durante el tratamiento, por lo que también reduce mucho el estrés, lo que favorece que el sistema funcione mucho mejor y aumenten las defensas del organismo.