ACEPTAR NO SIGNIFICA RENDIRSE

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            A lo largo de la vida son muchas las cosas que escapan a nuestro control y por más empeño que pongamos no las podemos cambiar, sobre todo las pérdidas.

            Cuando hablo de pérdidas podríamos pensar en personas que se nos han ido, pero hay otro tipo de pérdidas: la de la pareja, el trabajo, la ruina económica, la salud o la dignidad.

            Cuando una persona ve que los proyectos no salen y que los sueños que tenía se transforman en pesadillas, puede reaccionar de varias maneras:

            Luchando contra ello con enfado, frustración e irritabilidad.

            Resignándose desde el sufrimiento, perdiendo la alegría de vivir.

            O aceptando que eso es lo que toca y buscar lo bueno que todavía queda para poder seguir adelante.

            En la infancia, para proteger a los niños, algunos padres les pintan la vida de color de rosa sin enseñarles que también habrá momentos en los que tendrán que enfrentarse a la decepción. Cuando llegan a la adolescencia y empiezan a tener situaciones frustrantes que requieren esfuerzo, y toca salir de esa zona de confort en la que están ubicados, la rabia, el enfado y en algunos casos la violencia serán las reacciones que más fácilmente expresen. Una de esas situaciones se da cuando se enamoran y no son correspondidos, lo viven de forma extrema, como una pérdida irreemplazable, sin darse cuenta de que ése sólo es un peldaño de la escalera de la vida. La etapa adolescente es crucial para sacar al adulto del mañana por lo que se le debe prestar una atención especial.

            Aceptar es una palabra que utilizamos mucho sin conocer muy bien lo que implica su significado.

            Aceptar es decir “Sí” a lo que estoy viviendo, sin fisuras, con total confianza, sabiendo que ahora es el camino que tengo que transitar aunque el dolor me pueda. Porque en la aceptación hay “Esperanza”, esperanza de que todo pasa y podré volver a levantarme. Hay “Fe” porque confío y sé que no estoy solo, que mi fuerza interior me va a ayudar. Y “Amor” porque al amarme a mí mismo, afrontaré la situación y saldré de ella reforzado siendo mejor persona.

            Por eso aceptar no significa rendirse sino abrir la puerta a nuestra capacidad de resilencia, porque no significa quedarse ahí, sino que nos permite cambiar ese momento gestionándolo como una evolución espiritual, utilizando las herramientas que tenemos para poco a poco crear un nuevo camino y enseñar a otros que siempre hay salida.

            Hay una hermosa oración del teólogo Reinhold Niebuhr que dice:

            “Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia.”

            Traemos con nosotros memorias y patrones de los que ni siquiera somos conscientes, por ello para empezar a cambiar desde la aceptación tenemos que tomar medidas para acercarnos más a nuestro corazón y conectarnos con él para que nos muestre nuestra sabiduría interior.

            Esta oración tiene una segunda parte que dice:

           “Viviendo un día a la vez, disfrutando un momento a la vez; aceptando las adversidades como un camino hacia la paz.”

            Este camino de encuentro con nosotros mismos nos llevará a una conexión entre nuestro corazón y nuestra mente capaz de cambiarnos para transformar lo que nos rodea.

            Cuando practico el Masaje Celular, la persona entra en un estado de relajación profunda, y desde ahí puede llegar a liberar los patrones aprendidos. Pero ni el terapeuta ni la persona deben tener expectativas, de esa manera conectará mejor con el presente viviendo un día y un momento a la vez y, desde la serenidad, encontrar el camino hacia su Paz Interior.

 

Firmado:

Carmen Benito